Back Historia de la estupidez humana Save as PDF
Chapters (59)
  1. IMPRIMIR
  2. elaleph.com
  3. INTRODUCCIÓN
  4. ILA CIENCIA NATURAL DE LA ESTUPIDEZ
  5. IILA VORACIDAD DE MIDAS1.
  6. 2.
  7. 3.
  8. 4.
  9. 5.
  10. 6.
  11. 7.
  12. 8.
  13. 9.
  14. IIIDESPUÉS DE USTED, SEÑOR
  15. 1.
  16. 3.
  17. 4.
  18. 5.
  19. 6.
  20. 7.
  21. 8.
  22. 9.
  23. IVEL ÁRBOL GENEALÓGICO1.
  24. 2.
  25. 3.
  26. 4.
  27. 5.
  28. VLA ESTUPIDEZ DEL BUROCRATISMO1.
  29. 2.
  30. 3.
  31. 4.
  32. 5.
  33. 6.
  34. 7.
  35. 8.
  36. VILA ESTUPIDEZ DE LA JUSTICIA1.
  37. 2.
  38. 3.
  39. 4.
  40. 5.
  41. VIILA ESTUPIDEZ DE LA DUDA1.
  42. 2.
  43. 3.
  44. 4.
  45. VIIIMITO Y ENSUEÑO1.
  46. 2.
  47. 3.
  48. 4.
  49. 5.
  50. IXLOCURA ERÓTICA1.
  51. 2.
  52. 3.
  53. 4.
  54. 5.
  55. 6.
  56. XEL FIN DE LA ESTUPIDEZ1.
  57. 2.
  58. 3.
  59. FIN… peroLA ESTUPIDEZ HUMANA NO TIENE FIN

En muchos casos no corresponde tomar muy en serio estos excesos: se trata de simples aberraciones del gusto. En todo ello hay más ridículo que tragedia. Pero el caso de los Devil Hunters demuestra que, en circunstancias especiales, esta manía puede provocar graves perturbaciones en la comunidad. Y aún si el asesinato del infortunado niño fue accidental, el ascetismo a veces impulsa a los fanáticos a quitarse la vida, o a matar a sus compañeros de cofradía. En este sentido, la historia cultural ofrece abundantes pruebas. A menudo ocurre que los sectarios se suicidan, en la estúpida creencia de que Dios exige de ellos un sacrificio especial… y aun el supremo sacrificio.

El ascetismo no se detiene ni siquiera ante las más horribles formas de la muerte. Porque Cristo fue crucificado, este modo de terminar con la vida ocupa un lugar de cierto privilegio en el pensamiento sectario de autodestrucción. Los “convulsionistas”, que se reunían en la tumba del abad París, se limitaban a jugar con la crucifixión de un modo que armonizaba con sus restantes locuras. A último momento, cuando el juego amenazaba adquirir contornos graves, aflojaban las cuerdas y retiraban los clavos, y revivían a tiempo a las mujeres torturadas. Pero en muchos otros casos este juego religioso sexual acababa en desastre. El zapatero italiano Mateo de Casale se colgó de una cruz frente a su casa; poco faltaba para que muriese, cuando algunos transeúntes se apiadaron de él y lo bajaron. Acabó sus días en un manicomio, víctima de insanía ascética.

En 1823 la “sagrada Margarita”, fundadora de una extraña secta en Wildisbuch, Suiza, fue torturada bestialmente por sus adeptos. Estos la mataron porque les había prometido que resucitaría al tercer día después de su muerte. Fue crucificada, y le clavaron clavos de hierro en los pies, en las manos y en el pecho. Y como no demostró dolor, y “solamente alegría en su muerte de mártir”, cumplieron el último pedido de la mujer, y le hundieron en la cabeza una cuña de hierro, de las que se usan para partir madera. Los asesinos nunca fueron castigados.