Back En la oscuridad Save as PDF
Chapters (46)
  1. PRIMERA PARTE
  2. 1
  3. 2
  4. 3
  5. 4
  6. 5
  7. 6
  8. 7
  9. 8
  10. 9
  11. 10
  12. 11
  13. 12
  14. 13
  15. 14
  16. 15
  17. SEGUNDA PARTE
  18. 16
  19. 17
  20. 18
  21. 19
  22. 20
  23. 21
  24. 22
  25. 23
  26. 24
  27. 25
  28. 26
  29. 27
  30. 28
  31. TERCERA PARTE
  32. 29
  33. 30
  34. 31
  35. 32
  36. 33
  37. 34
  38. 35
  39. 36
  40. 37
  41. 38
  42. 39
  43. 40
  44. 41
  45. 42
  46. AGRADECIMIENTOS

—Callan vive ahora en el extranjero y Barry Hutton es un personaje bien considerado —comentó ella esperando que Rebus dijera algo, pero éste callaba—. ¿No lo ves así? —En ese preciso momento recordó lo que había dicho Alasdair Grieve en el interrogatorio—. Un contacto en el ayuntamiento —agregó.

—Alguien del Departamento de Urbanismo —apostilló Rebus.

38

Tardaron una semana en atar cabos trabajando esforzadamente en equipo. Derek Linford convalecía en su casa, y se alimentaba con líquidos y una pajita. Según la máxima de que «cuando un policía recibe una zurra, la jefatura le premia», suponían que Linford iba a tener un ascenso saltando el escalafón. Mientras tanto Alasdair Grieve se contentó con vivir como un turista en una habitación con cama y desayuno en Minto Street, pues de momento no le permitían abandonar el país y, como le habían retenido el pasaporte, tenía que presentarse todos los días en Saint Leonard. Watson no tenía previsto imputarle nada, pero había que abrirle expediente como testigo de la agresión homicida. Rebus había acordado oficiosamente con Grieve que no se dejara ver y que ellos no mencionarían su regreso a la familia.

El equipo al completo, con Siobhan, Wylie y Hood, fue estructurando la investigación y Wylie reivindicó y consiguió una mesa junto a la ventana en compensación, alegó ella, a las horas padecidas en el cuartito de interrogatorios.

Recibieron ayuda exterior del SNIC, de la Brigada Criminal y de Scotland Yard, y cuando todo estuvo a punto, vieron que aún quedaban cosas por hacer. Tuvieron que disponer de un médico y comunicar al sospechoso que le convenía la presencia de un abogado, porque, a pesar de su estado, sabría sin duda por boca de sus amistades que iban a interrogarle. Carswell volvió a vetar la intervención de Rebus con idéntico resultado.

Cuando Rebus y Siobhan llegaron a la casa rodeada por una tapia en Queensferry Road, había tres coches en el camino de entrada y estaban ya allí el médico y el abogado. Era una casona de los años treinta no lejos de la carretera de Edimburgo a Fife, y, aunque redujera unas cincuenta mil libras su valor, éste no sería inferior a las trescientas mil. Nada despreciable para un concejal.