Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—Un metro ochenta y cinco —lo interrumpió Linford.

—... por lo que para asestarle unos golpes ahí, o el agresor era mucho más alto o estaba subido encima de algo.

—O Grieve había caído ya al suelo cuando los recibió —dijo Watson enjugándose la frente con un pañuelo—. Sí, creo que es lógico. ¿Cómo demonios entró allí?

—O saltó la valla —aventuró Linford— o alguien le dejó las llaves. Por la noche cierran las obras con candado porque hay material de valor.

—Hay un vigilante de seguridad —continuó Rebus— que afirma que estuvo toda la noche en la obra y efectuó la ronda habitual sin advertir nada extraño.

—¿A usted qué le parece?

—En mi opinión no debió de salir de la oficina; allí está caliente y tiene una radio y una tetera. Eso, o bien se marchó a casa.

—¿Puntualizó si miró en el cenador al hacer la ronda? —preguntó Watson.

—Dice que cree que sí —respondió Linford citando las palabras del hombre—: «Siempre enfoco la linterna al interior por si acaso. No hay ningún motivo para que esa noche no hiciera lo mismo».

Watson se inclinó y apoyó los codos en la mesa.

—¿A usted qué le parece? —preguntó mirando únicamente a Linford.

—Yo creo que debemos centrarnos en el móvil, señor. ¿Sería un encuentro casual? ¿Iría el futuro parlamentario a echar un vistazo a su futuro lugar de trabajo, tropezándose con alguien que le golpeó hasta la muerte? —dijo Linford asintiendo repetidamente con la cabeza y evitando mirar a Rebus, furioso porque era lo que él había comentado una hora antes casi con las mismas palabras.

—No sé —comentó Watson—. Supongamos que dentro había algún ladrón que al verse sorprendido por Grieve le golpeó.

—¿Y una vez en el suelo —interrumpió Rebus— le dio otros dos golpes?

Watson lanzó un gruñido en señal de asentimiento.

—¿Y el arma del crimen?

—Aún no ha aparecido —dijo Linford—. En la zona hay muchas obras y puede estar escondida en muchos sitios. Tenemos agentes buscándola.

—La empresa constructora está haciendo un inventario por si falta algo —añadió Rebus—. Si su teoría del ladrón es correcta, quizá ese recuento permita averiguar algo.

—Otra cosa, señor. Hay señales de rozaduras recientes en los zapatos y restos de polvo en la parte interna de las perneras del pantalón del difunto.

—¡Benditos forenses! —comentó Watson sonriendo—. ¿Qué puede significar eso?

—Que probablemente saltó la valla.

—Bien, en cualquier caso, no desestimen nada y escudriñen todos los indicios. Interroguen a todos los que tengan llave. A todos, ¿entendido?

—Muy bien, señor —dijo Linford.

Rebus se limitó a hacer una inclinación de cabeza aunque a él no le miró.

—¿Y nuestro amigo Mojama? —preguntó Watson.

—Ese caso lo indagan otros dos miembros del CCSPP, señor —dijo Rebus.

Watson lanzó otro gruñido y miró a Linford.

—¿Le pasa algo a su café, Derek? —preguntó.

—Nada, señor, es que no me gusta muy caliente —dijo Linford mirando la superficie del líquido.

—Bueno, pruebe ahora.

Linford se llevó el vaso a los labios y dio dos sorbos.