Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—Me han dicho que en Glasgow habían dispuesto un edificio para sede del Parlamento —dijo Grieve chasqueando la lengua y sonriendo—. Como si en Edimburgo fueran a dejarles. De todos modos... —añadió mirando a un lado y a otro— es una lástima no haber esperado a tener lista la sede definitiva.

—Se ve que no es posible esperar tanto —dijo Rebus.

—Por el solo hecho de que a Dewar se le ha metido entre ceja y ceja. Recuerde cómo se cargó la idea de edificarlo en Calton Hill, simplemente por temor a que se convirtiera en «símbolo nacionalista». Ese puñetero es idiota.

—Yo habría preferido Leith —dijo Rebus.

—¿Por qué? —preguntó Grieve con auténtico interés.

—Por lo mal que está aquí el tráfico, y además para evitar el desplazamiento de prostitutas hasta Holyrood para el desempeño de su oficio.

La carcajada de Cammo Grieve resonó en la sala. Había carpinteros dándole a la sierra y al martillo y un par de obreros silbaba acompañando a una cancioncilla que emitía un transistor. Uno de ellos se golpeó con el martillo y sus maldiciones resonaron en el hemiciclo.

Cammo Grieve miró a Rebus.

—No le ha hecho mucha gracia que le llamase, ¿verdad, inspector?

—Bueno, ya sé que los políticos tienen sus maneras.

Grieve volvió a reírse.

—Me da la impresión de que es mejor que no le pregunte a qué maneras se refiere.

—Va usted mejorando, señor Grieve.

Siguieron caminando y Rebus, que recordaba datos por sus visitas con el CESPP, fue haciendo comentarios para beneficio del parlamentario residente en Londres.

—¿Así que esto será la Asamblea? —preguntó Grieve.

—Justamente. Hay otros seis edificios, casi todos propiedad del ayuntamiento. Uno albergará los servicios colectivos, un segundo está destinado a los parlamentarios y de los demás ya no me acuerdo.

—¿Y salas de reuniones para el comité?

Rebus asintió con la cabeza.

—Al otro lado del puente Jorge IV, frente a los despachos de los parlamentarios; conectadas por un túnel.

—¿Un túnel?

—Para que no tengan que cruzar la calle. Hay que evitar accidentes.

Grieve sonrió. A pesar de todo, Rebus le caía bien.

—Habrá naturalmente un edificio de prensa —aventuró Grieve.

—En Lawnmarket —contestó Rebus.

—Malditos periodistas.

—¿Siguen aún al acecho frente a la casa de su madre?

—Ya lo creo. Cuando voy a verla no dejan de acosarme con las mismas preguntas —dijo mirando a Rebus con expresión deprimida y cansada.

—¿Siguen sin tener idea de quién asesinó a Roddy? —preguntó.

—Ya sabe usted lo que le dije.

—Sí, claro, que prosigue la investigación... y todas esas chorradas.

—Serán chorradas, pero es la verdad.

Cammo Grieve metió las manos en los bolsillos de su abrigo negro estilo Crombie. Tenía aspecto viejo y frustrado y un algo parecido al solemne desencanto vital de Hugh Cordover. Por elegante que fuera su atuendo, tenía el cutis fofo y los hombros caídos y no cesaba de ajustarse el casco blanco obligatorio, que le molestaba. A Rebus le dio la impresión de que era un hombre que había llevado una mala vida.