Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—¿Y qué?

—Que anda detrás de algo.

—Tal vez quiere beneficios.

—Eso es más o menos lo que dijo.

—Bien, ¿y qué más?

Pero Rebus prefirió no decir que Cafferty también había hablado de «hacer una limpieza»...

—Escuche —añadió Watson frotándose las sienes—, sigamos con el trabajo que tenemos entre manos. Aclaremos lo del caso Grieve y ya pensaré en esto de Cafferty. ¿De acuerdo?

Rebus asintió con la cabeza. Oyeron llamar a la puerta, que seguía abierta, y apareció un agente de uniforme.

—Inspector Rebus, tiene una visita.

—¿Quién es?

—Una señora, pero no ha dado su nombre, señor. Únicamente me indicó que le dijese que no ha traído cacahuetes, que usted lo entendería.

Claro que lo entendía.

30

Lorna Grieve le aguardaba en la zona de visitas. Rebus abrió la puerta del cuarto de interrogatorios pero recordó que allí tenían guardadas las cosas de Freddy Hastings y le dijo que era mejor que hablasen fuera de la comisaría y fueron enfrente, al Maltings.

—¿Necesita beber para hablar conmigo? —bromeó ella.

Iba despampanante, con un pantalón de cuero rojo ajustado y botas altas negras, una blusa de seda muy escotada y chaqueta de ante negro. Se había maquillado más que generosamente, se notaba que salía de la peluquería, y en la mano llevaba un par de bolsas de tiendas de lujo.

Rebus pidió zumo de naranja con gaseosa y Lorna Grieve pensó que era por el comentario que ella acababa de hacer y, a tono de las circunstancias, pidió un bloody mary.

—María, reina de Escocia, ¿no es así? —dijo—. Y la sangre de la cabeza que le cortaron.

—No lo sabía —comentó Rebus.

—¿Nunca lo ha tomado? Entona muchísimo —añadió en broma a ver si él se la seguía, y asintió con la cabeza cuando la camarera le preguntó si quería Lea and Perrin's.

Se habían sentado en una mesa con escaques incrustados, y ella la examinó admirada.

—Es para los que juegan al ajedrez —explicó Rebus.

—Un juego odioso, interminable; al final, todo se deshace. No tiene emoción —dijo con otra pausa a ver si Rebus entraba al trapo.

—Salud —dijo él.

—Es la primera que tomo hoy —dijo ella dando un sorbo. Rebus lo dudaba; se consideraba un experto y le parecía que por lo menos llevaba un par de copas. —Bien, ¿en qué puedo servirla?

El comercio cotidiano: la gente pide cosas a los demás. A veces es un intercambio y a veces no.

—Quiero saber qué sucede.

—¿Qué sucede con qué?

—Con la investigación del homicidio. Nos tienen a oscuras.

—No creo que eso sea exacto.

Ella encendió un cigarrillo sin ofrecerle a él.

—Bien, ¿hay alguna novedad?

—Les será comunicada en cuanto sea posible.

—No me convence —replicó ella irguiéndose en la silla.

—Pues lo lamento.

Ella entornó los ojos.

—No, qué lo va a lamentar. La familia tiene derecho a saber...

—A decir verdad, es a la viuda a quien primero informaremos.

—¿A Seona? Tendrán que hacer cola porque ahora es la niña mimada de los medios de información, y la prensa y la televisión se disputan la imagen de la «valerosa viuda» que prosigue la tarea de su esposo. «Es lo que Roddy habría deseado» —añadió imitando en falsete la voz de Seona Grieve—. No se lo cree ni ella.