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Se hizo un silencio que dio paso a los gritos de Callan y a las amenazas de Milligan.
—Es un liante de mierda...
—Niego rotundamente...
—... que me llama por teléfono para contarme una patraña sobre cuatrocientas mil libras...
—Esa imputación injustificada contra una persona sin antecedentes en este país ni en ningún otro..., a un hombre cuya reputación...
—¡Le juro por Dios que si estuviera ahí tendrían que encadenarme para que no le diera una hostia!
—Aquí le espero —replicó Rebus—. Puede tomar el primer avión que le venga bien.
—Espere y verá.
—Vamos, Bryce —terció Milligan—, no cedas a la provocación... ¿No hay ahí un oficial superior...? —añadió el abogado consultando sus apuntes— ... El comisario Watson, ¿no? Señor Watson, protesto con toda firmeza por esa maniobra solapada para engañar a mi cliente con la fábula de una fortuna...
—No es fábula —replicó Watson—. Ese dinero existe, aunque parece que forma parte de un misterio mayor que quizá el señor Callan podría aclarar tomando un avión para efectuarle un interrogatorio como es debido.
—Cualquier grabación que hayan realizado de esta conversación será impugnada ante los tribunales —añadió Milligan.
—¿Ah, sí? Bueno —añadió Watson—, eso lo determinará la Fiscalía. Mientras tanto, ¿no convendría que manifestara si tiene algo que negar?
——¿Negar? —exclamó Callan—. ¿Qué tengo que negar? No pueden echarme mano, cabrones.
Rebus se lo imaginó de pie, descompuesto y lívido por muy bronceado que estuviese y agarrando con crispación el teléfono de sus pecados.
—¿Así que lo reconoce? —inquirió Watson en tono ingenuo, dirigiendo un guiño a los agentes de la puerta.
Rebus estaba seguro de que su jefe comenzaba a pasarlo bien; se habría apostado algo.
—¡Váyase a la mierda! —bramó Callan.
—Me parece que lo niega —dijo Milligan con voz apagada.
—Sí, debe de ser eso —añadió Watson.
—¡Váyanse al infierno! —gritó Callan y a continuación se oyó un clic.
—Creo que el señor Callan nos ha dejado —comentó Rebus—. ¿Nos escucha, señor Milligan?
—Efectivamente y me siento obligado a protestar con todo mi...
Rebus colgó.
—Debe de haberse cortado —dijo.
En la puerta se oyeron gritos de júbilo. Rebus se levantó y Watson recuperó su sillón.
—No nos precipitemos —dijo mientras Rebus desconectaba la grabadora—. Las piezas comienzan a encajar, pero nos falta saber quién es el asesino y quién el muerto. Sin esas dos piezas toda esta agradable conversación con Bryce Callan no nos sirve de nada.
—De todos modos, señor... —dijo Grant Hood sonriente.
Watson asintió.
—De todos modos el inspector Rebus nos ha enseñado cómo buscarle las cosquillas —añadió mirando a Rebus, que movía la cabeza de un lado a otro.
—No me basta —dijo pulsando el botón de rebobinado—. Realmente no sé si habré conseguido algo.
—Ahora está clara la trama del caso y eso es media victoria —dijo Wylie.
—Tendríamos que interrogar a Hutton —añadió Siobhan Clarke—. Todo parece girar en torno a él y al menos a Hutton lo tenemos aquí.
—Sí, pero bastará con que lo niegue todo —dijo Watson—. Es un hombre con influencia y traerle a comisaría nos daría mala imagen.