Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—¡Ya está bien! —chilló—. No pienso seguir escuchándoles. Váyanse.

Seona Grieve la ayudó a incorporarse.

—Está bien, Alicia. Yo hablaré con ellos. ¿Quiere subir arriba?

—Al jardín. Me voy al jardín.

—Tenga cuidado, no vaya a resbalar.

—¡No soy una inválida, Seona!

—Claro que no. Sólo quería decirle...

Pero la anciana se dirigió a la puerta sin escuchar ni volver la vista atrás; la cerró al salir y oyeron sus pasos alejándose.

Seona se sentó en el sillón que acababa de dejar su suegra.

—Lo lamento.

—No tiene por qué disculparse —dijo Linford.

—Pero tendremos que hablar con ella —advirtió Rebus.

—¿Es absolutamente necesario?

—Me temo que sí.

No podía decirle que era porque tal vez su marido le había hecho confidencias a su madre y ella sabía cosas que no conocían.

—¿Y usted, señora Grieve? —preguntó Linford—¿Cómo se encuentra?

—Como borracha —dijo Seona Grieve con un suspiro.

—Bueno, muchas veces una copita...

—Quiere decir —le interrumpió Rebus— que ha sufrido un duro golpe.

Linford asintió con la cabeza como si él no hubiera dicho una tontería.

—Por cierto —dijo Rebus—, ¿alguien de la familia tiene problemas con el alcohol?

—¿Se refiere a Lorna? —replicó Seona mirándole.

Rebus guardó silencio.

—Roddy no bebía mucho —prosiguió ella—. Tomaba un vaso de vino de vez en cuando y quizá algún whisky antes de cenar. Cammo... Bueno, a Cammo, no conociéndole, no se le nota que bebe. No se le traba la lengua ni se arranca a cantar.

—Entonces, ¿en qué se le nota?

—En su cambio de actitud, por leve que sea —respondió ella mirándose el regazo—. Digamos que su sentido moral se ofusca.

—¿Acaso en alguna ocasión...?

—Lo intentó un par de veces —respondió ella mirando a Rebus.

Linford, que no captaba de qué hablaban, miró a Rebus, y Seona Grieve resopló al advertirlo.

—No se haga ilusiones, inspector Linford —dijo.

—¿A qué se refiere? —replicó él encogiéndose.

—No estamos ante un crimen pasional en el que Cammo matase a Roddy para conseguirme —dijo ella negando con la cabeza.

—¿Estamos siendo demasiado simplistas, señora Grieve?

Ella consideró la cuestión un instante, pero Rebus le planteó otra pregunta.

—¿Dice usted que su marido no bebía mucho y que, sin embargo, salió a tomar copas con unos amigos?

—Sí.

—¿Pasaba él a veces la noche fuera de casa?

—¿Qué insinúa?

—El caso es que no hemos podido localizar a nadie que saliera a tomar copas con él la noche en que murió.

Linford consultó su bloc.

—De momento, sólo hemos averiguado que en un bar del sector oeste creen que estuvo a primera hora de la noche bebiendo a solas.

Seona Grieve no alegó nada al comentario y Rebus se inclinó en el asiento.

—¿Alasdair bebía? —preguntó.

—¿Alasdair? ¿Qué tiene él que ver con esto? —replicó sorprendida.

—¿Tiene idea de dónde puede estar?

—¿Por qué?

—Me pregunto si se habrá enterado de la muerte de su esposo, porque supongo que querrá acudir al entierro.

—No ha llamado... —dijo ella, pensativa de nuevo—. Alicia le echa de menos.