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A continuación puso Grip [Apretar] de The Stranglers y pensó si no estrangularía a Jayne por hacerle aquello.
«Contrólate», se dijo.
Se preparó un té y se puso a reflexionar sobre las alternativas, pero no tenía la cabeza para nada. Se tumbó otra vez en el sofá. Al menos ahora podía poner música cuando le apeteciera. Jayne no había dejado ninguna de las cintas suyas: Eurythmics, Celine Dion, Phil Collins. ¡Que se fuera con viento fresco! Fue hasta la puerta de Tofu en el descansillo y le preguntó si tenía «costo». Tofu le dijo que le vendía cien gramos.
—Sólo quiero para un porro. Te lo devolveré.
—¿Cuando te lo hayas fumado?
—Bueno, quiero decir que ya te lo pagaré.
—Sí, claro. Igual que me pagaste el del miércoles.
—Venga, Tofu, una pizca.
—Lo siento, colega, a Tofu no le gorreas más.
—Esto no lo olvidaré. Tenlo en cuenta —replicó amenazando.
—Vale, Jer —contestó Tofu dándole con la puerta en las narices.
Oyó que echaba la cadena.
Volvió a entrar en el piso. Estaba nervioso y quería «marcha». ¿Dónde están los amigos cuando los necesitas? Nic... Podía llamarle y darle un pequeño sablazo. Hostia, con las cosas que él sabía, a Nic le tenía cogido. Podría convertir el préstamo en algo más que un sueldo semanal. Miró el reloj del vídeo. Las cinco pasadas. ¿Estaría en el trabajo o en casa? Probó en los dos sitios, pero no contestaba. A lo mejor estaba de ligue tomándose unas copas en el bar con alguna de las minifalderas de la oficina. Allí no encajaba su buen amigo; él sólo servía de saco de arena y para que Nic deslumbrara por contraste a su lado.
El era un títere, feo y simple. Todos se reían de él. Jayne, su madre y Nic. Incluso la mujer de la Seguridad Social. Y hasta Tofu... Se imaginaba al cabrón aquel riéndose cómodamente sentado en aquel piso insonorizado con sus buenas bolsas de hierba y sus chinas de costo, escuchando música y con dinero en el bolsillo. Cogió las monedas del sofá una por una y las fue tirando contra la pantalla apagada del televisor.
Hasta que sonó el timbre. ¡Ahí estaba Jayne! Bueno, tenía que sobreponerse y hacer como si nada. Mostrarse un poco ofendido, si acaso. Son cosas que pasan y hay que saber... Otro timbrazo. Aguanta; que abra con su llave. Pero empezaron a dar porrazos con la mano. ¿A quién debían dinero? ¿Se llevarían el televisor? ¿El vídeo? Poco más había.
Se detuvo ante la puerta conteniendo la respiración.
—¡Te veo, mamón!
La ranura de echar la correspondencia enmarcaba dos ojos y era la voz de Nic. Fue a abrir.
—Nic, tío, te he estado llamando.
Apenas hubo descorrido el pestillo la puerta le golpeó impulsándole hacia atrás y haciéndole caer de culo. Fue a levantarse y Nic le arreó otro empujón que le derribó. Oyó que cerraba de un portazo.
—Has cometido una tontería, Jerry, una tontería muy gorda.
—¿De qué hablas? ¿Qué es lo que he hecho ahora?