Contents ( 3)
—¿Cómo te enteraste? —preguntó ella mirándole.
—¿De qué?
—De este sitio.
—Ah —respondió él examinando la carta—, me lo mencionó un tío de Escocia Histórica.
Ella sonrió por lo de «tío» y pensó que Linford debía de tener su edad o quizá un año o dos menos, pero era tan conservador vistiendo —con el traje oscuro, la camisa blanca y una corbata azul—, que parecía mayor. Quizá por ello despertaba simpatías en los jefazos de la Casa Grande. Ante su invitación a cenar, el primer impulso de ella había sido no aceptar, pues en el Botánico no habían congeniado precisamente, pero al mismo tiempo le picó la curiosidad por si aprendía algo de él, ya que de su mentora, la inspectora jefe Gill Templer, poca enseñanza sacaba; estaba demasiado ocupada en demostrar a sus colegas masculinos que no era menos que ellos, cuando la verdad era que valía mucho más que cualquiera de los jefes que había conocido Siobhan. Pero Gill Templer no parecía saberlo.
—¿Fue ese tío el que descubrió el cadáver en Queensberry House?
—Ese —contestó Linford—. ¿Hay algún plato que te apetezca?
Cualquier otro hombre habría aprovechado la pregunta de ella para seguir tratando de ligársela, pero Linford seguía mirando la carta como si fuese la prueba pericial de algún crimen.
—No suelo comer carne —dijo Siobhan—. ¿Qué novedades hay en el caso de Roddy Grieve?
Llegó la camarera a tomarles nota y Linford se aseguró de que Siobhan no tenía que conducir para pedir una botella de vino blanco.
—¿Has venido a pie? —preguntó.
—En taxi.
—Habría debido preguntarte si querías que pasara a recogerte.
—No tenías por qué. Bueno, ¿qué hay del caso de Roddy Grieve?
—Vaya hermana que tiene —dijo Linford negando con la cabeza al recordar.
—¿Lorna? Me encantaría conocerla.
—Es un monstruo.
—Un bello monstruo —Linford se encogió de hombros como si la belleza le dejara indiferente—. A mí no me importaría en absoluto estar como ella cuando llegue a su edad —añadió Siobhan.
Linford toqueteó el vaso de vino. No sabía si ella buscaba un cumplido. Quizá.
—Me pareció que hacía buenas migas con tu guardaespaldas —comentó.
—¿Mi, qué?
—Rebus, ése que no quiere que te vea.
—Estoy segura de que...
Linford se incorporó recostándose en la silla.
—Bah, perdona. Olvida el comentario.
Siobhan ya no sabía a qué atenerse, indecisa ante la clase de señales que supuestamente le enviaba Linford. Optó por sacudirse unas migas inexistentes del despampanante traje de terciopelo y mirarse las rodillas por si sus medias negras tenían alguna carrera. De carreras, nada. ¿Sería que a él le ponía nervioso que estuviera sin abrigo, con los brazos y los hombros al aire?
—¿Sucede algo? —preguntó.
El negó con la cabeza mirando a todas partes menos a ella.
—Es que... nunca había salido con nadie del trabajo.
—¿Salido?
—Bueno, salir a cenar. He ido a cenas oficiales, pero nunca... —la miró a los ojos— así, a solas, como ahora.
—Es una simple cena, Derek —replicó ella sonriendo, y se arrepintió de inmediato. ¿No esperaría él algo más que una simple cena?