Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—¿No le intrigó a usted nunca por qué le interesaban tanto los Grieve, señor Sithing?

—Por favor, llámeme Gerald. Inspector, ¿sabe que tiene usted un halo? No me cabe ninguna duda.

—Será la loción para después del afeitado —Siobhan resopló, pero él no hizo caso—. ¿No le pareció a usted que le interesaba más Hugh Cordover y su familia que los Caballeros de Rosslyn?

—Oh, no. No era así.

Rebus se inclinó hacia el hombre.

—Escuche a su corazón, Gerald —canturreó.

Sithing se concentró tragando saliva.

—Sí, puede que tenga razón. Sí, efectivamente. Pero, dígame, ¿por qué le interesaban los Grieve?

Rebus se puso en pie y se inclinó sobre Sithing.

—¡Y yo qué demonios sé! —dijo.

En el coche, Siobhan le imitó sonriendo: «Escuche a su corazón, Gerald».

—Es un tipo bastante raro, ¿no? —comentó Rebus, que había bajado el cristal de la ventanilla para que Siobhan le dejase fumar.

—Bueno, ¿qué es lo que tenemos?

—Tenemos a tu mendigo, que finge interés por los Caballeros de Rosslyn para obtener información sobre el clan. Tenemos su interés por Hugh Cordover y su negativa a venir a la dichosa iglesia. ¿Por qué? Porque no quería encontrarse con Cordover.

—¿Porque Cordover le conocía? —aventuró Siobhan.

—Es posible.

—¿Estamos ahora más cerca de averiguar quién era?

—Tal vez. A tu Supertramp le interesaban los Grieve y la mojama de la chimenea. Roody Grieve muere en el solar de Queensberry House poco después de que aparezca el cadáver y casi a la misma hora el vagabundo se lanza al vacío.

—¿Quieres aglutinar tres casos en uno?

Rebus negó con la cabeza.

—Nos faltan datos y Watson no tragaría. Desde luego no me permitiría investigarlo a mi manera.

—Por cierto, hablando del tema... —dijo Siobhan cambiando de marcha una vez fuera del pueblo—, ¿y tu secuaz?

—¿Te refieres a Linford? —Rebus se encogió de hombros—. Indagando por ahí.

Siobhan hizo un gesto escéptico.

—¿Y te deja a tu aire? —inquirió.

—Derek Linford sabe lo que le conviene —contestó Rebus lanzando la colilla contra el cielo amoratado.

Rebus, Siobhan, Waylie y Hood celebraron consejo de estado mayor en una mesa retirada del salón de atrás del bar Oxford para que nadie oyera lo que hablaban.

—Yo veo una relación entre los tres casos —dijo Rebus después de haberse explicado—. Si pensáis que me equivoco, decídmelo.

—No digo que se equivoque, señor —terció Wylie—, pero ¿cómo se demuestra?

Rebus asintió con la cabeza. La cerveza que tenía delante estaba casi sin tocar y en deferencia a los que no fumaban ni había quitado el celofán del paquete de cigarrillos.

—Exacto —dijo—. Por eso quiero prudencia. A partir de ahora tenemos que estar muy coordinados para que cuando se establezcan las conexiones las veamos sin titubear.

—¿Qué le digo yo a la inspectora Templer? —preguntó Siobhan. Su jefa, Gill Templer, era un nombre que comenzaba a sonar en el Cuerpo.

—No le digas nada. Y, llegado el caso, tampoco al comisario.

—Va a dar carpetazo a mi caso —protestó ella.