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—Trabajé allí para adquirir experiencia. Me gustaba el negocio de la construcción y por lo visto elegí bien —dijo con una sonrisa como invitándoles a hacer lo mismo por su buena fortuna. Pero los dos permanecieron serios.
—¿Tuvo alguna vez tratos con Peter Kirkwall? —preguntó Wylie.
—El es constructor y yo promotor. Son dos sectores distintos.
—Eso no contesta la pregunta.
Hutton volvió a sonreír.
—Es que no sé a cuento de qué...
—Estuvimos hablando con él y su despacho está lleno de planos y fotos de sus obras...
—¿Y el mío no? Será que Peter tiene un ego que yo no poseo.
—Entonces, ¿le conoce?
Hutton lo reconoció simplemente encogiéndose de hombros.
—A veces he contratado a su empresa. ¿Qué tiene eso que ver con su cadáver?
—Nada —respondió Wylie—. Era por curiosidad —añadió plenamente convencida de que había puesto el dedo en la llaga.
—Bien —dijo Grant Hood—, volviendo a Queensberry House...
—¿Qué podría decirles? Tendría entonces dieciocho o diecinueve años y lo que yo hacía era mezclar hormigón y las tareas de peón. Puro aprendizaje.
—¿Pero recuerda aquella sala? ¿Y las chimeneas?
Hutton asintió con la cabeza.
—Sí, se hizo una cámara de aire. Yo estaba presente cuando abrimos la pared.
—¿Se comunicó a alguien el descubrimiento de las chimeneas?
—Para ser sincero, creo que no.
—¿Por qué?
—Es que Dean pensó que querrían enviarnos a los historiadores, interrumpirían las obras y no cobraría hasta su terminación. Si había que esperar a que vinieran a examinar el hallazgo perderíamos tiempo.
—¿Y lo que hicieron fue volver a taparlas?
—Eso debió de ocurrir. Una mañana, cuando llegué al trabajo, estaban ya tapiadas.
—¿Sabe quién lo hizo?
—Pudo ser el propio Dean, o a lo mejor Harry Connors. Harry era muy amigo de Dean, su mano derecha como quien dice —añadió asintiendo con la cabeza—. Creo que entiendo la conclusión que se plantean: quien tapió la chimenea tuvo que ver el cadáver.
—¿Se le ocurre algo? —preguntó Wylie, pero Hutton dijo que no con un gesto—. Usted habrá leído el caso en los periódicos, señor Hutton. ¿Por qué motivo no se ha presentado a declarar?
—No sabía que el cadáver databa de aquella época. Pueden haber descubierto y tapado la chimenea docenas de veces desde que yo trabajé allí.
—¿Alguna otra razón?
Hutton la miró.
—Yo soy un empresario. Cualquier historia sobre mí la publica la prensa y puede afectarme dentro de mi sector.
—Es decir, que no toda publicidad es buena publicidad —dijo Hood.
—Mejor no podía haberlo expresado —aseveró Hutton sonriendo.
—Bien, sin entrar en detalles —interrumpió Wylie—, ¿puede decirme cómo entró a trabajar en la empresa del señor Coghill?
—Hice una solicitud, como todos.
—¿De verdad?
—¿Qué insinúa? —replicó Hutton ceñudo. —Sólo me preguntaba si no sería su tío quien le echó una mano, o tal vez más de una.
Hutton puso los ojos en blanco.
—Y yo me preguntaba cuánto tardaría en salir eso a relucir... Escuchen, sí, resulta que mi madre es hermana de Bryce Callan, no puedo negarlo. Pero no por eso soy un delincuente.