Chapters (46)
—Metimos el cadáver en su propio coche y huimos. Sabíamos que era mejor separarse porque si no Callan nos mataría.
—¿Y el dinero?
—Yo le dije a Freddy que no quería saber nada y él propuso que nos encontrásemos justo un año después en un bar de Frederick Street.
—¿Usted no acudió a la cita?
Grieve negó con la cabeza.
—Yo ya había asumido otra personalidad en un lugar que me gustaba y en el que comenzaba a adaptarme.
«También Freddy había viajado a muchos sitios según le había contado a Dezzi», pensó Siobhan.
Justo un año después, al no aparecer Alasdair, fue cuando Freddy Hastings llevó el dinero a una caja de ahorros de George Street, a cuatro pasos de Frederick Street, y abrió una cuenta a nombre de C. Mackie...
—¿Y aquella cartera? —preguntó Siobhan.
Grieve la miró.
—Ah, sí. Era de Dean Coghill.
—Las iniciales eran ADC.
—Debía de ser por el segundo nombre de Dean que a él le gustaba más. Esa cartera nos la trajo Barry Hutton llena de billetes, presumiendo de habérsela quitado a Coghill: «Porque puedo y él no va a impedírmelo» —dijo Grieve negando con la cabeza.
—El señor Coghill ha muerto —dijo Siobhan.
—Otra víctima de Bryce Callan.
Aunque Coghill había fallecido de muerte natural, Rebus entendió perfectamente qué quería decir Grieve.
Rebus y Siobhan celebraron una reunión en la sala del DIC.
—¿Qué tenemos en concreto? —preguntó ella.
—Fragmentos —contestó él—. Tenemos a Barry Hutton yendo a comprobar qué ha sucedido en la cita y que se encuentra con el cadáver de Mackie cerca de Queensberry House; lo lleva a las obras y lo tapia en la chimenea, pensando que allí quedaría por los siglos de los siglos.
—¿Por qué razón?
—Para impedir que la policía le hiciera preguntas.
—¿Y cómo es que en la lista de personas desaparecidas no figura ningún Mackie?
—Mackie era un hombre de Callan y nadie iba a llorar por él ni a denunciar su desaparición.
—¿Y Freddy Hastings se suicida al enterarse por un periódico que se ha encontrado el cadáver?
Rebus asintió.
—El asunto vuelve a cobrar actualidad y se ve incapaz de soportarlo.
—No acabo de entenderle.
—¿A quién?
—A Hastings. No entiendo qué le impulsó a llevar esa vida...
—Hay una preocupación más acuciante —dijo Rebus—. Callan y Hutton van a quedar impunes.
Siobhan se inclinó en su mesa y cruzó los brazos.
—Bueno, en definitiva, ellos ¿qué hicieron? No mataron a Mackie ni tiraron a Freddy Hastings por el puente Norte.
—Pero fueron los inductores de su muerte.