Back En la oscuridad Save as PDF
Chapters (46)
  1. PRIMERA PARTE
  2. 1
  3. 2
  4. 3
  5. 4
  6. 5
  7. 6
  8. 7
  9. 8
  10. 9
  11. 10
  12. 11
  13. 12
  14. 13
  15. 14
  16. 15
  17. SEGUNDA PARTE
  18. 16
  19. 17
  20. 18
  21. 19
  22. 20
  23. 21
  24. 22
  25. 23
  26. 24
  27. 25
  28. 26
  29. 27
  30. 28
  31. TERCERA PARTE
  32. 29
  33. 30
  34. 31
  35. 32
  36. 33
  37. 34
  38. 35
  39. 36
  40. 37
  41. 38
  42. 39
  43. 40
  44. 41
  45. 42
  46. AGRADECIMIENTOS

—Creo que el tiempo pasa, ¿no cree? He escuchado la grabación igual que usted —añadió Watson señalando la grabadora— y no he advertido nada reprochable en el proceder del inspector Rebus ni en su manera de conducir el interrogatorio —insistió mirando cara a cara a Carswell—. ¿Que usted quiere una sanción ejemplar? Muy bien. Quedo a la espera. Al fin y al cabo, ¿qué tengo que perder? —espetó yendo hacia la puerta.

Carswell les dijo que se largaran, pero ellos ya habían tomado el portante.

Sentados en la cantina de la planta baja apartaron sus platos, que casi no habían tocado, y no hablaron mucho. Rebus se volvió hacia Watson.

—¿Cómo reaccionó así? —le preguntó.

El comisario se encogió de hombros tratando de sonreír. Volvía a desinflarse y parecía agotado.

—Porque me harté sencillamente. Llevo treinta años en el Cuerpo... —dijo moviendo la cabeza—. Puede que estuviera hasta las narices de los Carswell y compañía. Treinta años y se cree que puede hablarme a mí así —añadió mirándoles a los dos y forzando una sonrisa.

—Me gustó eso de «¿Qué tengo que perder?» —comentó Rebus.

—No me extraña —replicó Watson—. Es lo mismo que me ha dicho usted más de una vez.

Se levantó a por otros tres cafés, aunque no habían acabado el primero, pero necesitaba moverse. Siobhan se recostó en el asiento.

—¿Tú qué crees? —preguntó.

—Del Gólgota al Calvario sin billete de vuelta posible —dijo Rebus.

—Anda que no exageras.

—¿Sabes lo que más me fastidia? Que nos van a crucificar por esto mientras que al cabrón de Linford le dan una medalla.

—Bueno, nosotros al menos podemos comer sólido —comentó ella tirando el tenedor al plato.

40

—¿Por qué me has citado aquí? —preguntó Rebus.

Iban por un camino helado del parque del tanatorio de Warriston. Big Cafferty llevaba una cazadora de aviación de cuero negro con cuello de piel y la cremallera cerrada hasta arriba.

—¿No recuerda que dimos juntos un paseíto hace años?

—Por el lago de Duddingston —dijo Rebus asintiendo con la cabeza—. Sí que me acuerdo.

—¿Y no recuerda lo que le dije? Rebus pensó un instante.

—Dijiste que somos una raza cruel, pero que también nos complace sufrir.

—Nos crecemos en la derrota, Hombre de paja, y ahora con el Parlamento seremos dueños de nuestros destinos por primera vez en tres siglos.

—¿Y qué?

—Que ha llegado tal vez la hora de mirar al futuro y olvidar el pasado —respondió Cafferty deteniéndose. Su hálito salía en forma de vapor gris—. Pero usted... es incapaz de olvidar el pasado, ¿verdad?

—¿Me has traído al parque de un tanatorio para decirme que vivo anclado en el pasado?

Cafferty se encogió de hombros.

—Que todos tengamos que convivir con el pasado no significa que tengamos que vivir en él.