Back En la oscuridad
Chapters (46)
  1. PRIMERA PARTE
  2. 1
  3. 2
  4. 3
  5. 4
  6. 5
  7. 6
  8. 7
  9. 8
  10. 9
  11. 10
  12. 11
  13. 12
  14. 13
  15. 14
  16. 15
  17. SEGUNDA PARTE
  18. 16
  19. 17
  20. 18
  21. 19
  22. 20
  23. 21
  24. 22
  25. 23
  26. 24
  27. 25
  28. 26
  29. 27
  30. 28
  31. TERCERA PARTE
  32. 29
  33. 30
  34. 31
  35. 32
  36. 33
  37. 34
  38. 35
  39. 36
  40. 37
  41. 38
  42. 39
  43. 40
  44. 41
  45. 42
  46. AGRADECIMIENTOS

El Weir O' era una especie de pub civilizado con aparcamiento delante y un letrero en el que se anunciaba escrito con tiza una serie de «especialidades de la casa». Nada más acercarse a la barra a pedir un whisky, vio que alguien apuraba su copa y cuando llegó la consumición de Rebus el hombre dijo que se iba y comentó al que tenía a su lado que no tardaría en volver. Rebus aguardó un par de minutos tomándose el whisky y salió del pub. En la esquina, cerca de unas naves vacías y unos montones de escoria, les esperaba el hombre.

—¿Gordie? —preguntó Rebus.

El hombre hizo una inclinación de cabeza. Era alto y desgarbado, de unos treinta y tantos años y tenía una cara triste y una incipiente calva con el poco pelo mal cortado. Rebus le tendió veinte libras y el tal Gordie las cogió con reparo como haciendo gala de cierta dignidad.

—Que sea rápido —dijo al guardárselas mirando a su alrededor.

El tráfico era intenso, camiones sobre todo, y nadie se fijaba en ellos dos. Rebus le resumió brevemente el asunto, dándole la descripción del sospechoso, el pub y la agresión.

—Debe de ser Mick Lorimer —dijo el hombre dándose la vuelta.

—¡So! —exclamó Rebus—. ¿No me da una dirección o algo?

—Mick Lorimer —repitió el hombre ya casi en la puerta del pub.

John Michael Lorimer, conocido por Mick, con antecedentes de agresión, allanamiento y robo. Bobby Hogan sabía quién era y por eso pudieron hacerle ir a la comisaría de Leith, donde le dejaron un rato a solas para que sudara antes de interrogarle.

—No vamos a sacar mucho en limpio —comentó Hogan a Rebus—. Su léxico se reduce a una docena de palabras, la mitad de las cuales horripilarían a tu abuela.

Lorimer les recibió tranquilamente sentado en su casita de dos pisos de Easter Road, cuya puerta les franqueó una «amiga» que les hizo pasar al cuarto de estar donde él les esperaba con el periódico abierto sobre el regazo. No dijo apenas nada, ni se molestó en preguntarles qué querían ni por qué le pedían que les acompañase a la comisaría. Rebus anotó la dirección del domicilio de la amiga, que correspondía a los bloques cerca de los cuales Linford había sufrido la agresión. Normal, incluso si demostraban que era a Lorimer a quien Linford había seguido, ahora tenía la coartada de que había ido a casa de su amiga y que había pasado allí la noche.

Conveniente y rentable, y ella no iba a cambiar la declaración si sabía a qué atenerse. Por sus ojos llorosos, Rebus dedujo que Mick Lorimer la tenía bien domesticada.

—Entonces, ¿vamos a perder el tiempo? —preguntó Rebus.