Back En la oscuridad
Chapters (46)
  1. PRIMERA PARTE
  2. 1
  3. 2
  4. 3
  5. 4
  6. 5
  7. 6
  8. 7
  9. 8
  10. 9
  11. 10
  12. 11
  13. 12
  14. 13
  15. 14
  16. 15
  17. SEGUNDA PARTE
  18. 16
  19. 17
  20. 18
  21. 19
  22. 20
  23. 21
  24. 22
  25. 23
  26. 24
  27. 25
  28. 26
  29. 27
  30. 28
  31. TERCERA PARTE
  32. 29
  33. 30
  34. 31
  35. 32
  36. 33
  37. 34
  38. 35
  39. 36
  40. 37
  41. 38
  42. 39
  43. 40
  44. 41
  45. 42
  46. AGRADECIMIENTOS

Se acercó una camarera de mediana edad desde la barra y Rebus pidió un café mientras Big Po rebañaba con el tenedor los restos de yema.

—Sería más fácil con cuchara —dijo Rebus.

—Me gusta lo difícil.

—Bien, podría ser que tuviera otro para ti —dijo Rebus aguardando a que llegara el café, que le llevaron en una taza de Pyrex transparente con platillo a juego, un objeto que volvía a ponerse de moda en algunos locales, pero él tuvo la impresión de que aquella era reserva de la casa.

No lo había pedido con leche pero sí que tenía porque vio unos espumarajos blancos flotantes. Dio un sorbo y comprobó que aunque estaba caliente no sabía a café.

—Bueno, usted dirá —dijo Big Po.

Rebus le puso al corriente y Po escuchó sin descuidar su plato, que terminó con una operación de rebañado de los últimos restos de grasa a los que añadió un generoso chorro de salsa agridulce especiada con trozos de tostada. Se repanchingó a continuación lo mejor que pudo en aquellas estrecheces, sorbió ruidosamente el té y trató de moderar su bramido de oso transformándolo en algo que los simples mortales reconocerían como hablar en voz baja.

—Para cuestiones sobre Bellman's hable con Gordie, que era cliente hasta que le prohibieron entrar —dijo.

—¿Le prohibieron la entrada en Bellman's? ¿Qué hizo, disparar una ráfaga de ametralladora o pedir un gin–tonic?

Big Po lanzó un bufido.

—Creo que se lo hacía con la mujer de Huton.

—¿El dueño?

Po asintió con la cabeza.

—Un cabronazo.

Una apreciación grave viniendo de Po.

—Gordie, ¿de nombre o de apellido?

—Es Gordie Burns y va a beber al Weir O'.

Se refería al Weir O'Hermiston en la carretera de la costa, en dirección Portobello.

—¿Cómo sabré quién es? —preguntó Rebus.

Po metió la mano en su cazadora de nilón azul y sacó un móvil.

—Voy a llamarle para asegurarme de que está allí.

Mientras marcaba, Rebus miró por los cristales cubiertos de vapor. Cuando Po terminó de hablar le dio las gracias y se levantó.

—¿No se toma el café?

Rebus negó con la cabeza.

—Pero invito yo —dijo acercándose a la barra y dando cinco libras, de las que tres y media cubrieron la fritanga más barata y alta en colesterol de Leith.

Antes de salir, al pasar junto a la mesa de Big Po, le dio una palmadita en el hombro metiéndole veinte libras en el bolsillo de la cazadora.

—Dios le bendiga, caballero —vociferó Big Po.

No podría asegurarlo, pero le pareció que cuando cerraba la puerta el grandullón estaba pidiendo un segundo desayuno.