Back En la oscuridad Save as PDF
Chapters (46)
  1. PRIMERA PARTE
  2. 1
  3. 2
  4. 3
  5. 4
  6. 5
  7. 6
  8. 7
  9. 8
  10. 9
  11. 10
  12. 11
  13. 12
  14. 13
  15. 14
  16. 15
  17. SEGUNDA PARTE
  18. 16
  19. 17
  20. 18
  21. 19
  22. 20
  23. 21
  24. 22
  25. 23
  26. 24
  27. 25
  28. 26
  29. 27
  30. 28
  31. TERCERA PARTE
  32. 29
  33. 30
  34. 31
  35. 32
  36. 33
  37. 34
  38. 35
  39. 36
  40. 37
  41. 38
  42. 39
  43. 40
  44. 41
  45. 42
  46. AGRADECIMIENTOS

—¿Esta noche no ha venido con Lorimer? —dijo Rebus. Notó sangre en la boca y se la tragó—. ¿Dónde estaba la noche en que mataron a Roddy Grieve?

—Mick no sabe parar —dijo Hutton—. Yo sólo pretendía darle un aviso a ese cabrón, no matarle.

—Últimamente, el servicio está fatal —comentó Rebus, y notó que le oprimían con más fuerza el pecho impidiéndole respirar.

—Claro, siempre aparece algún poli listo cuando menos lo necesitas.

Recibió otro puñetazo, que le aplastó la nariz y le hizo saltar las lágrimas. Intentó librarse de ellas parpadeando. ¡Dios, cómo le dolía!

—Gracias, tío Ger —dijo Hutton—. Te debo un favor.

—¿Para qué estamos los socios? —dijo Cafferty avanzando un paso. Ahora Rebus le veía bien la cara: impasible—. Hace cinco años no habría sido tan imprudente, Hombre de paja —añadió y volvió a dar un paso atrás.

—Tienes razón —dijo Rebus—. Es posible que después de esto me jubile.

—Ya lo creo que se jubilará. Se tomará un descanso eterno —dijo Hutton.

—¿Dónde vas a echarle? —preguntó Cafferty.

—Tenemos muchas obras en marcha. En cualquier agujero con media tonelada de hormigón.

Rebus forcejeó pero le tenían bien sujeto. Levantó un pie y dio un pisotón, pero Lorimer llevaba zapatos con puntera metálica; sintió que le estrujaba aún más como una cinta metálica y lanzó un gruñido.

—Pero antes nos divertiremos un poco —dijo Hutton aproximándose y acercando su rostro a pocos centímetros del de Rebus.

Al recibir el rodillazo de Hutton en la entrepierna sintió estallar el dolor detrás de los globos oculares, la bilis le subió a la garganta y el whisky buscó el camino más rápido. Notó que le soltaban y cayó de rodillas. Sólo veía una especie de niebla marina espesa y sentía en los oídos el oleaje del mar; se pasó la mano por la cara, para ver mejor, notaba fuego en la ingle y los vapores del whisky en la garganta. Al tratar de respirar por la nariz notó enormes burbujas de sangre que se expandieron y estallaron. El siguiente golpe le alcanzó en la sien, una patada que le hizo rodar por el cemento y acabar encogido en postura fetal. Tenía que levantarse y luchar. No quedaba más remedio; lanzarse contra ellos dando puntapiés, manotazos y escupiendo. Hutton, en cuclillas junto a él, le agarró del pelo para que levantara la cabeza.

Oyó a lo lejos los estallidos de los fuegos artificiales en el castillo. Era medianoche. El cielo se iluminó de fulgores: rojo sangre, amarillo hiriente.

—Usted va a estar más de veinte años oculto, se lo aseguro —dijo Hutton.