Chapters (46)
—¿Es un recado de Bryce Callan?
Cafferty le miró.
—Sé que anda detrás de Barry Hutton. ¿Cree que logrará algo?
—A veces sucede.
Cafferty ahogó la risa.
—Bien lo sé por experiencia —comentó reanudando el paseo. Las únicas flores que había eran rosas, en unas ramas podadas, de aspecto frágil y raquítico, hibernando con la promesa de la renovación. «Como nosotros, espinas incluidas», pensó Rebus—. Morag murió hace un año —añadió Cafferty, refiriéndose a su esposa.
—Sí, me enteré.
—Me dijeron que me autorizaban asistir al entierro —dijo Cafferty dando un puntapié a una piedra que fue a parar a un parterre—. No quise ir. Los de la cárcel pensaron que me había endurecido —añadió con una sonrisa irónica—. ¿Usted qué cree?
—Que tenías miedo.
—Quizá fuera eso —dijo mirándole otra vez—. Bryce Callan no perdona igual que yo, Hombre de paja. Usted logró encerrarme y sigue en ello, pero ahora Bryce sabe que anda detrás de Barry y tendrá que ponerle fuera de juego.
—Con lo cual también se la juega.
—No es tan idiota. No olvide que donde no hay cadáver no hay crimen.
—¿Me hará desaparecer?
Cafferty asintió con la cabeza.
—Obtenga buenos resultados o no —contestó deteniéndose—. ¿Es eso lo que busca?
Rebus se detuvo igualmente y miró a su alrededor como quien lo ve todo por última vez.
—¿Y a ti qué más te da?
—A lo mejor es que me agrada verle vivo.
—¿Por qué?
—¿Quién, si no, se ocupa de mí? —replicó Cafferty ahogando la risa.
Rebus vio a lo lejos el coche del gánster, el Jaguar gris, y al lado, al Comadreja, sin atreverse a recostarse en él, moviendo alternativamente los pies para calentárselos.
—A propósito de que sin cadáver no hay crimen... ¿dónde está Rab Hill?
Cafferty le miró.
—Sí, ya sé que ha estado preguntando por él.
—Es Rab el que tiene cáncer, no tú. Le hicieron los análisis y al volver comunicó la noticia a su buen amigo —Rebus hizo una pausa— y tú manipulaste las radiografías.
—En el Servicio de Salud no pagan a los médicos ni la mitad de lo que deberían —replicó Cafferty.
—Sabes que lo demostraré.
—Es un policía vengativo y contra eso nada puede un pobre ciudadano como yo.
—Tal vez podría aflojar un poco —dijo Rebus.
—¿A cambio de...?
—De que testifiques contra Bryce Callan. Tú estabas allí en el setenta y nueve y sabes lo que sucedió.
—No, así no —dijo Cafferty.
—Pues ¿cómo, entonces?
Cafferty hizo caso omiso de la pregunta.
—Esto es un lugar muy frío, ¿verdad? Cuando me entierren quiero que sea en un sitio más cálido.
—Tú iras a un sitio más caliente —dijo Rebus—. Demasiado, tal vez.