Back En la oscuridad Save as PDF
Chapters (46)
  1. PRIMERA PARTE
  2. 1
  3. 2
  4. 3
  5. 4
  6. 5
  7. 6
  8. 7
  9. 8
  10. 9
  11. 10
  12. 11
  13. 12
  14. 13
  15. 14
  16. 15
  17. SEGUNDA PARTE
  18. 16
  19. 17
  20. 18
  21. 19
  22. 20
  23. 21
  24. 22
  25. 23
  26. 24
  27. 25
  28. 26
  29. 27
  30. 28
  31. TERCERA PARTE
  32. 29
  33. 30
  34. 31
  35. 32
  36. 33
  37. 34
  38. 35
  39. 36
  40. 37
  41. 38
  42. 39
  43. 40
  44. 41
  45. 42
  46. AGRADECIMIENTOS

Oyó que subía el volumen de la música de órgano al abrirse las puertas de la iglesia. Se alejó de la tumba y fue a situarse entre unos chopos. Al cabo de media hora todo había terminado. No quedaban llantos, ni pañuelos, corbatas negras y miradas al vacío. Los dolientes se habían marchado llevándose las emociones y sólo quedaba la tarea de los sepultureros afanados en llenar la fosa. Se oyó el golpe de las puertas de los coches, los motores poniéndose en marcha y el lugar quedó vacío en cuestión de minutos. El cementerio recuperó su paz habitual sin voces ni llantos, sólo quedó el graznido desvergonzado de los cuervos y el ruido sordo de las palas.

Rebus se fue alejando hasta llegar a la parte trasera de la iglesia sin perder de vista el cementerio y oculto por los árboles y las tumbas. Eran lápidas desgastadas y pulidas y pensó que en esos tiempos era un privilegio ser enterrado en un recinto como aquél. Enfrente había un auténtico cementerio moderno mucho mayor. Leyó algunos apellidos, Warriston, Lockhart, Milroy, y constató la incidencia de mortalidad infantil. Era terrible perder un hijo o una hija y Alicia Grieve era el segundo que perdía.

Transcurrió una hora. La humedad calaba las suelas de sus zapatos y se le estaban quedando los pies helados. No dejaba de caer aguanieve y el cielo era un caparazón grisáceo que amortiguaba los ruidos terrestres. No fumaba para no llamar la atención y hasta controlaba la respiración imprimiéndole un ritmo lento y regular para que el vaho de su boca no desvelara su presencia. No era más que un individuo que asumía su condición de mortal, recordando otros entierros, de familiares, de amigos. No cesaban de acosarle fantasmas, y en aquellos días le acosaban con reticencia, con recelo ante su posible reacción; se le acercaban por sorpresa cuando estaba sentado a oscuras en el cuarto de estar escuchando música; se le acercaban en las largas noches en que estaba solo, formando un grupo de espíritus que gesticulaban y se movían sin hablar. También Roddy Grieve se uniría a ellos algún día. Aunque tal vez no, pues no era conocido suyo y poco tendría en común con su espíritu.