Chapters (46)
—¿Por qué lo dices?
—Por la mano que tiene en el picaporte, como si fuera a tirarse en marcha.
—Me estás tendiendo una trampa —contestó Rebus apartando la mano de la puerta.
—No me diga.
—Me apostaría tres meses de sueldo a que no estás enfermo.
—Demuéstrelo —replicó Cafferty sin apartar la vista de la carretera.
—No te preocupes.
—¿Yo? ¿De qué iba a preocuparme? Tenga en cuenta que el que está nervioso es usted.
Guardaron silencio un rato y Cafferty acarició el volante.
—Bonito coche, ¿eh?
—Comprado honradamente con el sudor de tu frente, sin duda.
—Otros sudan por mí. Es lo que caracteriza a un hombre de negocios que ha tenido éxito.
—Lo cual nos lleva a Bryce Callan. No pudiste hablar con su sobrino y de repente él te llama por las buenas.
—Es que sabe que nosotros nos conocemos.
—¿Y qué?
—Pues que quería enterarse de si yo sabía algo. No se ha ganado en él un amigo, Hombre de paja.
—Mira cómo lloro.
—¿Cree que está implicado en los asesinatos?
—¿Has venido a decirme que no?
Cafferty negó con la cabeza.
—He venido a decirle que a quien tiene que vigilar es a su sobrino.
Rebus asimiló aquello.
—¿Por qué? —dijo al fin.
Cafferty se limitó a encogerse de hombros.
—¿Es una recomendación de Callan?
—Indirectamente.
Rebus resopló.
—No lo entiendo. ¿Por qué iba Callan a mezclar en esto a Barry Hutton? —Cafferty se encogió de hombros otra vez—. Qué gracia... —prosiguió Rebus.
—¿El qué?
—Esto ya es Musselburgh —dijo Rebus mirando por la ventanilla—. ¿Sabes cómo lo llamaban?
—No me acuerdo.
—La ciudad honrada.
—¿Y cuál es la gracia?
—Que me hayas traído aquí para largarme una sarta de mentiras. Lo que sucede es que quieres quemar a Hutton. Me pregunto por qué... —añadió mirándole.
La furia que reflejó de pronto el rostro de Cafferty parecía alimentada por un calor propio, interior.
—¿Sabe que está loco? Es capaz de olvidar cualquier crimen que surja en su camino con tal de darme a mí el palo. Esa es la verdad, ¿a que sí, Hombre de paja? Los demás le tienen sin cuidado; sólo quiere a Morris Gerald Cafferty.
—No te des tanto bombo.
—Estoy tratando de hacerle un favor para que se apunte un triunfo y de paso evitar tal vez que Bryce Callan le mate.
—¿Desde cuándo te has convertido en pacificador de la ONU?
—Escuche... —añadió Cafferty con un suspiro, ya menos acalorado—. De acuerdo, quizá a mí me afecte en cierto modo.
—¿El qué?
—Todo lo que ha de saber es que a John Rebus le afecta más —dijo Cafferty, que había puesto el intermitente para detener el coche junto a la acera en la calle principal.
Rebus vio un indicador.