Back En la oscuridad Save as PDF
Chapters (46)
  1. PRIMERA PARTE
  2. 1
  3. 2
  4. 3
  5. 4
  6. 5
  7. 6
  8. 7
  9. 8
  10. 9
  11. 10
  12. 11
  13. 12
  14. 13
  15. 14
  16. 15
  17. SEGUNDA PARTE
  18. 16
  19. 17
  20. 18
  21. 19
  22. 20
  23. 21
  24. 22
  25. 23
  26. 24
  27. 25
  28. 26
  29. 27
  30. 28
  31. TERCERA PARTE
  32. 29
  33. 30
  34. 31
  35. 32
  36. 33
  37. 34
  38. 35
  39. 36
  40. 37
  41. 38
  42. 39
  43. 40
  44. 41
  45. 42
  46. AGRADECIMIENTOS

No habían querido dejarle marchar en el hospital, pero la nariz no estaba rota y aunque en la orina hubiese algo de sangre no se apreciaban indicios de lesión interna ni de infección. Fue una enfermera, mientras examinaba sus ropas, quien comentó: «Hay demasiada sangre para un simple puñetazo en la nariz», comentario que le hizo pensar que, efectivamente, tenía arañazos y raspaduras en la cara, un corte interno en la mejilla y había sangrado por la nariz, pero la verdad es que estaba cubierto de sangre, y volvió a ver el cuchillo y a Cafferty al lado de Hutton...

Ahora en el mismo sitio en que había estado hacía diez horas escasas lo único que se veía era una fina capa de hielo.

—Lo han limpiado con manguera —dijo.

—¿Cómo?

—Que han limpiado la sangre con una manguera —dijo encaminándose al coche.

Barry Hutton no estaba en casa y su novia no le había visto desde la tarde anterior. Su coche estaba aparcado delante del edificio de su empresa, cerrado y con la alarma puesta pero sin llave. Tampoco allí había rastro de Barry Hutton.

Dieron con Cafferty en el hotel, desayunando en el comedor. El hombre de Hutton era ahora de Cafferty, si es que no lo había sido ya antes, y leía el periódico en otra mesa.

—Acabo de enterarme de lo que me van a cobrar con el cambio de siglo —dijo Cafferty refiriéndose al hotel—. No tienen escrúpulos. Usted y yo nos hemos equivocado de oficio.

Rebus se sentó enfrente de su bestia negra. Siobhan Clarke se presentó y permaneció de pie.

—Han venido dos —comentó Cafferty— para tener un testigo de la conversación.

Rebus se volvió hacia Siobhan.

—Espera fuera —dijo, pero ella no se movió—. Haz el favor —insistió Rebus.

Siobhan, reticente, dio al fin media vuelta y les dejó.

—Vaya fierecilla —dijo Cafferty riendo e inclinándose de pronto con cara de preocupación—. ¿Qué tal se encuentra, Hombre de paja? Anoche pensé que no volvía a verle.

—¿Dónde está Hutton?

—¡Hostia, hombre, yo qué sé!

Rebus se volvió hacia el guardaespaldas.

—Ve al tanatorio de Warriston y busca el nombre de Robert Hill. Los guardaespaldas de Cafferty no duran mucho.

El hombre se le quedó mirando impávido.

—¿No han encontrado a Barry? —preguntó Cafferty fingiendo sorpresa.

—Le has matado tú para ocupar su puesto —dijo Rebus haciendo una pausa—. Ése era el plan desde el principio, ¿verdad?

Cafferty se contentó con sonreír.

—¿Qué dirá Bryce Callan? —añadió y vio que Cafferty ensanchaba la sonrisa. Ahora lo comprendía—. ¿Callan estaba de acuerdo? ¿Era ese el plan desde un principio?

Cafferty bajó la voz.

—No se puede ir por el mundo matando a gente como Roddy Grieve. Es perjudicial para todos.

—¿Y tú sí puedes matar a Barry Hutton?