Chapters (46)
—Ah, sí, hombre —dijo Cafferty asintiendo con la cabeza—, había olvidado que usted celebra la mejor fiesta del año con una panda de chicas guapas perfumadas y en minifalda que está a punto de llegar —hizo una pausa—. Por cierto, feliz Navidad —añadió tratando de entregar algo a Rebus, quien no le hizo ni caso.
Algo pequeño y reluciente.
—¿Un paquete de cigarrillos?
—Un impulso que tuve —dijo Cafferty encogiéndose de hombros.
Rebus tenía en casa tres paquetes.
—Quédatelos —dijo—. A ver si hay suerte y te dan cáncer.
Cafferty hizo un chasquido con la lengua. A la luz naranja de las farolas su cara parecía enorme y redonda como una luna.
—He venido para que demos una vuelta en coche.
—¿Una vuelta? —preguntó Rebus mirándole.
—¿Qué prefiere, Queensferry, Portobello...?
—¿Cuál es ese asunto tan urgente? —replicó Rebus dejando las bolsas en el suelo con un tintineo de botellas.
—Bryce Callan.
—¿Qué pasa con Callan?
—No puede inculparle, ¿verdad? —Rebus no contestó—. Ni lo conseguirá. Y tampoco he visto muy preocupado a Barry Hutton.
—¿Y qué?
—Que a lo mejor puedo ayudarle.
Rebus cambió el peso de un pie a otro..
—No sé por qué ibas a hacerlo.
—Tengo mis motivos.
—¿No los tenías hace diez días cuando te lo pedí?
—Quizá no me lo pidió como es debido.
—Pues mira lo que te digo: mis modales no han mejorado.
Cafferty sonrió.
—No es más que un paseo en coche, Hombre de paja. Puede tomarse un trago y, mientras, me explica los detalles del caso.
Rebus entornó los ojos.
—Proyectos de ampliación del negocio inmobiliario, ¿no? —musitó.
—Resulta más fácil si se hace con un negocio en marcha —dijo Cafferty.
—¿La empresa de Barry Hutton? Yo le encierro y tú entras en escena. No creo que al señor Bryce le haga demasiada gracia.
—Eso es cosa mía —dijo Cafferty con un guiño—. Vamos a dar ese paseo. Deje una nota en la puerta diciendo a las modelos que la fiesta se retrasa una hora.
—No les va a gustar. Ya sabes cómo son las modelos.
—Caras y desnutridas, ¿no? Todo lo contrario que usted, inspector Rebus.
—Ja, ja.
—Cuidado dónde pone el pie —dijo Cafferty— que en esta época del año una fractura tarda mucho en curar.
Habían echado a andar charlando y Rebus se sorprendió al advertir que había vuelto a coger las bolsas. Llegaron junto al Jaguar y Cafferty abrió la puerta y se sentó al volante con un movimiento ágil ensayado. Rebus permaneció quieto un instante. Era Nochevieja, último día del año, momento de pagar deudas y hacer inventario... Un día para liquidar asuntos.
Subió al coche.