Back En la oscuridad Save as PDF
Chapters (46)
  1. PRIMERA PARTE
  2. 1
  3. 2
  4. 3
  5. 4
  6. 5
  7. 6
  8. 7
  9. 8
  10. 9
  11. 10
  12. 11
  13. 12
  14. 13
  15. 14
  16. 15
  17. SEGUNDA PARTE
  18. 16
  19. 17
  20. 18
  21. 19
  22. 20
  23. 21
  24. 22
  25. 23
  26. 24
  27. 25
  28. 26
  29. 27
  30. 28
  31. TERCERA PARTE
  32. 29
  33. 30
  34. 31
  35. 32
  36. 33
  37. 34
  38. 35
  39. 36
  40. 37
  41. 38
  42. 39
  43. 40
  44. 41
  45. 42
  46. AGRADECIMIENTOS

Watson se recostó en su silla.

—La verdad es que en Fettes están que trinan. Linford era de su plantilla. Y eso de seguir a Barry Hutton sin autorización... ¿sabe cómo va a afectar a cualquier posible imputación? Al fiscal le va a dar un ataque.

—Necesitamos pruebas y para ello tenemos que recurrir a alguien de Leith con contactos.

—¿Qué tal Bobby Hogan? El está en Leith.

—Pues que siga allí —dijo Rebus.

—Usted también quiere ir, claro... —Rebus no contestó—. Y los dos sabemos perfectamente que irá a pesar de lo que yo diga.

—Es preferible que sea oficial, señor.

El Granjero se pasó una mano por la calva.

—Cuanto antes mejor, señor.

Watson movió la cabeza mirando a Rebus.

—No —dijo—. No quiero que vaya allí, inspector. No puedo autorizarlo teniendo en cuenta el broncazo de jefatura.

Rebus se puso en pie.

—Entendido, señor. ¿No tengo permiso para ir a Leith a preguntar a mis confidentes sobre la agresión al inspector Linford?

—Eso es, inspector, no se lo doy. Está pendiente su suspensión de empleo y quiero tenerle a mano cuando llegue la comunicación.

—Gracias, señor —dijo Rebus camino de la puerta.

—Lo digo en serio, inspector. No salga de Saint Leonard.

Rebus asintió con la cabeza. La sala de Homicidios estaba tranquila cuando entró. Roy Frazer leía un periódico.

—¿Has acabado con éste? —preguntó Rebus cogiendo otro. Frazer asintió con la cabeza—. Tengo una indigestión de pollo —añadió Rebus frotándose el estómago—. Contesta a mis llamadas y di que el menda está fuera de combate.

Frazer asintió con la cabeza sonriendo. El que más y el que menos se había pasado un sábado por la mañana en el váter con un periódico.

Rebus salió de la comisaría, fue al aparcamiento, se sentó en el Saab y llamó por el móvil a Bobby Hogan.

—Te llevo ventaja, colega —dijo Hogan.

—¿Cuánta?

—Ya estoy frente a Bellman's esperando a que abran.

—No pierdas el tiempo. Mira a ver si puedes localizar a algún confidente tuyo —dijo Rebus abriendo su bloc y leyéndole la descripción del sospechoso de Holyrood Road mientras conducía.

—Así que un matón que frecuenta pubs poco recomendables... —musitó Hogan recapitulando—. ¿Dónde demonios encuentro yo algo semejante en el Leith de ahora?

Rebus conocía unos cuantos locales. Era la hora de abrir: las once de la mañana, una mañana encapotada, de nubosidad tan baja que ocultaba el Arthur's Seat de cuya masa rocosa se advertía algún fragmento esporádico. Igual que aquel caso, pensó Rebus, del que se vislumbraban trozos de vez en cuando sin poder desentrañar la estructura principal oculta.