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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Se acercó a la ventana inquieto. Ya se marchaban. Estaban metiendo la cámara en la ranchera. Tercer mensaje. Al oír la voz, giró atónito sobre sus talones y miró fijamente el aparato.

—Inspector, la investigación se llevará desde Fettes. Me acompañará uno de mis hombres, aunque, en caso contrario, utilizaremos agentes y personal de allí. Así que desde mañana por la mañana puede ponerse en contacto conmigo en Fettes.

Rebus fue hasta el aparato sin dejar de mirarlo, tentado de...

Cuarto mensaje.

—Mañana a las dos de la tarde, la primera reunión, inspector. Dígame si...

Rebus cogió el aparato y lo lanzó contra la pared. La tapa se abrió y la cinta salió disparada.

Sonó el timbre de la puerta.

Fue a escrutar por la mirilla. No podía creerlo. Abrió de par en par.

Kayleigh Burgess retrocedió un paso.

—Dios, parece furioso.

—Lo estoy. ¿Qué demonios quiere?

Ella sacó la mano de detrás de la espalda y le mostró una botella de Macallan.

—Vengo en son de paz —dijo.

Rebus miró la botella y después a la periodista.

— ¿Es su modo de tenderme una trampa?

—Ni mucho menos.

— ¿Trae micrófonos o cámaras?

Ella negó con la cabeza y los rizos castaños cubrieron sus mejillas. Rebus se hizo a un lado.

—Tiene suerte de pillarme seco —dijo.

Ella se encaminó al cuarto de estar, dándole ocasión de observarla. Estaba todo tan impecable como en casa de Feardie Fergie.

—Escuche —añadió él—, lamento de veras lo de la grabadora. Envíeme la factura.

Ella se encogió de hombros y vio el contestador.

— ¿Tiene algún problema con las máquinas?

—Diez segundos, y ya empieza con las preguntas. Espere que traiga unos vasos.

Fue a la cocina y cerró la puerta tras de sí, recogió los recortes de prensa y los periódicos de la mesa y los metió en uno de los armaritos. Enjuagó dos vasos y los secó despacio, mirando a la pared. ¿Qué querría? Información, desde luego. Le vino a la cabeza la cara de Gill. Ella le había pedido un favor y había muerto un hombre. En cuanto a Kayleigh Burgess... tal vez había tenido la culpa del suicidio de Geddes. Salió con los vasos y se la encontró en cuclillas ante el equipo de música, leyendo los títulos de los discos.

—Nunca he tenido tocadiscos —le dijo.

—Me han dicho que se van a poner de moda —comentó él mientras abría el Macallan y servía las bebidas—. Lo que no tengo es hielo, aunque podría arrancar un trozo del congelador.

—Solo está bien —dijo ella, levantándose y cogiéndole el vaso.