Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
Hicieron la cama para Morton en la habitación extra, el antiguo dormitorio de Sammy lleno de postres de Duran Duran y Michael Jackson. Se lavaron y tomaron un té, sin alcohol ni tabaco. Rebus se tumbó en la cama y miró al techo, consciente de que tardaría una eternidad en dormirse, y que cuando lo hiciese tendría pesadillas. Se levantó y fue de puntillas al cuarto de estar sin encender la luz. Hacía frío porque habían dejado las ventanas abiertas hasta tarde, pero la pintura nueva y la que habían rascado en la puerta habían producido una mezcla olorosa agradable. Quitó la tela del sillón y lo arrimó a la ventana. Se sentó, se tapó con la manta y sintió que se relajaba. Había luces enfrente y se concentró en ellas. «Soy un mirón, un voyeur —pensó—. Todos los polis lo son.» Pero sabía que era algo más que eso: a él le gustaba implicarse en las vidas de sus congéneres. Era un ansia de saber que trascendía el simple voyeurismo. Una droga. Y el caso era que, una vez adquirido el conocimiento, tenía que recurrir al alcohol para borrarlo. Vio en los cristales su reflejo, bidimensional, fantasmagórico.
«Casi no estoy presente», pensó.
Capítulo 24
Nada más despertar se dio cuenta de que pasaba algo raro. Se duchó y se vistió y seguía sin saber qué era. Luego, Morton entró cabizbajo en la cocina y le preguntó si había dormido bien.
Y sí que había dormido bien. Eso era lo raro. Había dormido muy bien sin haber bebido.
— ¿Noticias de Ancram? —preguntó Morton mientras abría la nevera.
—No.
—Entonces, seguramente que hoy libras. —Estará entrenándose para el próximo asalto. —En ese caso, ¿dejamos la decoración o seguimos con ella? —Haremos una hora de pintura —dijo Rebus.
Y se pusieron a ello, pero él no quitaba ojo de la calle. No había periodistas, ni Justicia en directo. A lo mejor los había asustado o puede que estuvieran esperando el momento propicio.
No se había producido la denuncia por agresión; lo más probable era que Breen estuviese tan eufórico con la toma de vídeo que ni se hubiera ocupado de ello. Tiempo de sobra tendría cuando emitiesen el programa...
Después de pintar fueron en el coche de Morton a Fort Apache. La primera reacción de éste no decepcionó a Rebus.
—Vaya pocilga.
En el interior todo era un frenético empaquetar y trasladar cosas; estaban sacando cajas para cargarlas en camiones y transportarlas a la nueva comisaría. El sargento de guardia hacía las veces de capataz, con la camisa remangada, controlando el etiquetado de las cajas y aleccionando a los hombres de la empresa de mudanzas sobre su concreta colocación en destino.