Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
Jethro Tull: Living in the Past [ 21 ]. Hacía tiempo que Rebus era un esclavo de eso. Por culpa del trabajo. Como policía, vivía en el pasado de la gente: crímenes cometidos antes de haber nacido; recuerdos de testigos de los que uno se apropia. Se había convertido en historiador y la condición se había infiltrado en su vida privada. Fantasmas, pesadillas, ecos.
Pero quizás ahora tenía una oportunidad. Como Jack, que había sabido empezar de nuevo. Semana de buenas noticias.
Sonó el teléfono y lo cogió la camarera; hizo un gesto a Rebus con la cabeza y se lo pasó.
—Diga.
—Te he llamado antes a casa y he decidido probar en tu segundo hogar.
Era Siobhan. Rebus se irguió.
— ¿Qué has averiguado?
—Un nombre: Martin Davidson. Estuvo en el Fairmount tres semanas antes del asesinato de Judith Cairns. Su cuenta se cargó a la empresa, LancerTech. Está en Altens, en las afueras de Aberdeen. Diseñan elementos de seguridad para las plataformas y cosas por el estilo.
— ¿Has hablado con ellos?
—En cuanto supe el nombre. No te preocupes, que a él no le mencioné. Sólo les hice un par de preguntas genéricas y la recepcionista me dijo que era la segunda persona en dos días que preguntaba lo mismo.
— ¿Y quién era la otra persona?
—Me dijo que de la Cámara de Comercio.
Guardaron silencio.
— ¿Y Davidson concuerda con lo de Robert Gordon?
—Dio unos cursillos a principios de año. Su nombre formaba parte de la plantilla.
Una relación sólida. Para Rebus era como un puñetazo. Aferraba el aparato muy tenso.
—Hay más —decía Siobhan—. Ya sabes que los hombres de negocios suelen alojarse siempre en hoteles de una misma cadena. Bien, el Fairmount tiene otro establecimiento aquí, y Martin Davidson de LancerTech se alojó en él la noche en que asesinaron a Angie Riddell.
Rebus volvió a ver su foto: Angie. Esperaba que por fin descansara en paz.
—Siobhan, eres genial. ¿Se lo has contado a alguien más?
—Sólo a ti. Fuiste tú quien me dio la información.
—Era una simple corazonada. Podía haber quedado en nada. El mérito es tuyo. Escucha, explícale a Gill Templer, que es tu jefa, lo que me has dicho a mí y que ella lo pase al equipo de John Biblia. Sigamos el reglamento.
— ¿Es él, verdad?
—Tú haz correr la noticia y no te dejes arrebatar el mérito. Luego, ya veremos, ¿vale?
—Sí, señor.
Colgó y le contó a Morton lo que acababa de saber. Permanecieron en la barra tomándose los zumos y mirando al espejo. Despacio, primero, y luego con nerviosismo, Rebus fue el primero en decir lo que los dos pensaban.
—Tenemos que ir allí, Jack. Necesito ir.
Jack Morton le miró asintiendo con la cabeza.
— ¿Conduces tú o conduzco yo?