Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
La policía no había dicho nada de que el Advenedizo se llevase recuerdos. Era evidente que no querían divulgarlo; sus motivos tenían. Pero el Advenedizo cogía recuerdos. Tres hasta el momento. Y los atesoraba en Aberdeen. Se había descuidado un poco al dar Aberdeen como dirección en la tarjeta de lector... John Biblia se puso en pie de repente. Ahora lo veía, veía la escena entre el bibliotecario y «Peter Manuel». El Advenedizo diciéndole que necesitaba hacer unas consultas; el bibliotecario pidiéndole los datos: domicilio, nombre... El Advenedizo sonrojándose, alegando que tenía el carnet en casa. «¿No puede ir a por él?» Imposible: venía de Aberdeen a pasar el día y era muy lejos. Y el bibliotecario había accedido a darle la tarjeta. Y, claro, el Advenedizo no tuvo más remedio que dar una dirección de Aberdeen.
Vivía en Aberdeen.
Animado, John Biblia cerró el baúl, volvió a colocar los cajones igual que antes y bajó. Le acongojaba que John Rebus estuviera tan cerca; tendría que trasladar el baúl..., mudarse. Se sentó a su mesa en el estudio. El Advenedizo parecía tener su base en Aberdeen, aunque su campo de acción fuera mayor. Había aprendido de sus primeros errores y ahora planeaba sus agresiones con más anticipación. ¿Escogía las víctimas al azar o seguía una pauta de conducta? Era más fácil elegir víctimas premeditadamente; pero, entonces, también era más fácil para la policía determinar la pauta y llegar a capturarle. Pero el Advenedizo era joven y tal vez aún no sabía eso. Al elegir «Peter Manuel» demostraba cierto engreimiento, para tomar el pelo a quien lo detectara. Una de dos: conocía a las víctimas o no las conocía. Dos caminos que seguir. Primer camino: suponiendo que las conociera podría existir cierta relación entre ellas que las vinculase al Advenedizo.
El Advenedizo podía ser un viajante: camionero, representante de una empresa o un empleo por el estilo. En Escocia se viaja mucho y los viajantes suelen ser hombres solitarios, que a veces recurren a una prostituta. La víctima de Edimburgo era una prostituta. Se alojan con frecuencia en hoteles. La víctima de Glasgow era camarera. La primera víctima —la de Aberdeen— no encajaba en el esquema.
¿O sí? ¿Había algo que la policía no había detectado, algo que él pudiera descubrir? Cogió el teléfono y llamó a Información.
—Es un número de Glasgow —dijo a la operadora.
Capítulo 14
En plena noche Stonehaven quedaba a escasos veinte minutos de Aberdeen en dirección sur; sobre todo con un loco al volante.
—Por muy pronto que lleguemos no habrá resucitado —dijo Rebus al conductor.