Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
—Un coche patrulla se dirige ahora mismo al club y Dios sabe lo que encontrarán, pero que los de la brigada echen un vistazo. Si dan con ellos los traerán a Queen Street. Que los de la brigada manden a alguien aquí.
—Ahora mismo lo hago, John. Gracias.
—De nada.
«Me estoy ablandando con los años —pensó—. O tal vez sea más consciente.»
Fue a dar una vuelta por los grupos haciendo la misma pregunta y finalmente le señalaron al oficial de enlace con las petroleras, el inspector Jenkins. Rebus sólo quería verle la cara. Stanley había mencionado su nombre en la declaración junto con el de Lumsden. Seguro que los de la brigada querrían tener unas palabritas con él. Sonreía como si tal cosa, bronceado y relajado de vuelta de sus vacaciones. Rebus sintió una gran satisfacción al pensar que pronto se vería empapelado en una investigación interna.
A lo mejor, al fin y al cabo, no se estaba ablandando tanto.
Se acercó a los que estaban al teléfono y miró por encima de sus hombros. Comenzaban a recopilar los datos preliminares sobre el homicidio de Martin Davidson, los detalles facilitados por los vecinos y su jefe en el trabajo, y tratando de localizar a algún familiar sin que se interpusiera la prensa.
Uno de ellos colgó el receptor con fuerza y sonrió de oreja a oreja. Cogió la taza de whisky y la apuró de un trago.
— ¿Alguna novedad? —preguntó Rebus.
Una bola de papel alcanzó al agente en la cabeza y él la devolvió riéndose.
—Un vecino que al volver del turno de noche se encontró con un coche que bloqueaba el camino de entrada a su casa —dijo—. Tuvo que dejar el suyo aparcado en la calle y dice que como no había visto nunca aquel coche lo miró bien para acordarse si volvía a verlo. No estaba allí cuando se levantó por la mañana. Es un BMW azul metálico, serie 5, y hasta recuerda letras de la matrícula.
— ¡Hostia bendita!
El agente cogió el teléfono.
—Vamos a averiguarlo rápidamente.
—Más vale, porque si no Grogan estará tan borracho que le va a costar enterarse.