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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

El bibliotecario no había concluido la comprobación de la lista de periódicos que le había dado, y la revisión de los encargos de libros sobre John Biblia no había dado resultado. Era la parte negativa. Pero estaba la parte positiva: gracias a la reciente fiebre de interés por el caso de John Biblia, disponía ahora de los detalles que daba la prensa sobre otros asesinatos no resueltos, siete en total. Cinco se habían producido en 1977, uno en 1978 y otro en una fecha mucho más reciente. A partir de lo cual se perfilaba una segunda tesis. El primer crimen era el debut del Advenedizo y el segundo, su reaparición tras un largo intervalo. Quizá por una estancia en el extranjero, o en alguna institución, quién sabe si por una relación estable que neutralizaba sus impulsos asesinos. Si la policía era meticulosa —cosa que dudaba— estaría comprobando los divorcios recientes de hombres casados en 1978 o 1979. Él, John Biblia, carecía de sus medios, lo cual era frustrante. Se levantó y miró sin ver las estanterías de libros. El hecho era que ahora corría el rumor de que el Advenedizo era John Biblia y que las descripciones de los testigos presenciales no eran fiables y, como consecuencia, la policía y los medios de comunicación desempolvaban sus fotos robot y sus retratos artísticos.

Un peligro. La única manera de acabar con tales especulaciones era localizar al Advenedizo. La imitación no era la expresión más sincera de admiración. Potencialmente era letal. Tenía que dar con el Advenedizo. Encontrarlo o dar su pista a la policía. Eso haría.

Capítulo 8

A las seis estaba celebrando haber dormido bien con un solo trago.

Había dormido bien, pero se había despertado demasiado pronto y se había vestido, decidido a dar una vuelta. Cruzó Meadows y se dirigió al puente Jorge IV y a High Street, a la izquierda de Cockburn Street. Cockburn Street: la meca de las compras para los jovenzuelos y los hippies. Rebus recordaba aquel mercado de cuando la calle tenía mucha peor fama que ahora. Angie Riddell había comprado aquel collar en una tienda de Cockburn Street. Quizá lo llevase puesto el día en que él la había invitado al café, pero seguramente no. Desechó el recuerdo, dobló por un pasaje entre edificios —una empinada escalinata— y después por otro a la izquierda de Market Street. Frente a la estación Waverley había un pub abierto adónde iban los ferroviarios del turno de noche a tomarse un par de copas antes de volver a casa a dormir. Pero también se veían hombres de negocios tomándose un lingotazo antes de la jornada que tenían por delante.