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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Una joven salía de la cocina secándose las manos con un trapo.

—Perdone que la moleste —dijo Rebus—. Busco al señor Holmes, de aquí al lado.

La mujer se asomó a la puerta.

—El coche no está y siempre lo deja en el mismo sitio —dijo, señalando hacia donde él había aparcado el Saab.

— ¿No ha visto usted, por casualidad, a su esposa esta mañana?

—Hace siglos que no la veo —respondió la mujer—. Antes pasaba a darle caramelos a Damon —añadió, revolviendo el pelo al niño, que escapó corriendo hacia dentro.

—Bien; de todos modos, gracias.

—Él volverá por la tarde. No está mucho tiempo fuera de casa.

Rebus asintió. Y aún seguía haciéndolo cuando subió al coche. Permaneció un rato sentado, pasando la mano por el volante. Ella le había dejado. ¿Cuánto tiempo haría? ¿Por qué el gilipollas no había dicho nada? Sí, claro, los policías tenían fama precisamente de exteriorizar sus emociones y comentar sus crisis personales. El mismo era un buen ejemplo.

Fue al almacén: ni rastro de Holmes, pero el empleado le dijo que había estado trabajando la víspera hasta la hora de cerrar.

— ¿Usted cree que había terminado?

El hombre negó con la cabeza.

—Al marcharse me dijo «hasta mañana».

Rebus consideró dejarle un recado, pero se dijo que no podía correr el riesgo. Subió al coche y arrancó.

Fue por Pilton y Muirhouse por no meterse demasiado pronto en la transitada Queensferry Road. No había mucho tráfico saliendo de la ciudad; al menos se avanzaba. Preparó las monedas para la entrada a la autopista en el puente Forth.

Iba en dirección norte. Y esta vez no era a Dundee, sino a Aberdeen. No sabía si huía o iba a enfrentarse a algo.

Tal vez las dos cosas. Los cobardes son héroes a veces. Puso un casete: Rock Bottom [ 8 ] de Robert Wyatt.

—Sé lo que es eso, Bob —musitó, y añadió—: Anímate, a lo mejor no.

Tras lo cual cambió de cinta: Deep Purple atacando Into the Fire [ 9 ]. Pisó el acelerador.

Ciudad granito

Ciudad granito

Capítulo 12