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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Había una manifestación ante la sede de T—Bird Oil. La joven con el cabello lleno de trencitas, tan persuasiva la víspera, estaba ahora sentada, cruzada de piernas, en el césped, fumando un pitillo liado, como si fuera su turno de descanso. El que la sustituía en el megáfono no lograba emular su ardor y elocuencia, pero sus compañeros le jaleaban. Puede que fuese lego en eso de las manifestaciones.

Dos policías de uniforme, tan jóvenes como los activistas, parlamentaban con tres o cuatro ecologistas de mono rojo y máscara antigás. Les decían que si se quitaban la máscara antigás la conversación resultaría más fácil, requiriéndoles que desalojaran los terrenos propiedad de T—Bird Oil, es decir, el trozo de césped en la entrada principal. Los manifestantes alegaban algo sobre infracción de las leyes de propiedad. Lo último era añadir conocimientos legales a la defensa del territorio. Una especie de regla de combate sin armas para el recluta.

Le ofrecieron las mismas octavillas del día anterior.

—Ya tengo —dijo Rebus con una sonrisa.

La de las trencitas alzó la vista y entrecerró los ojos como si estuviera haciendo una foto.

En la zona de recepción había un tipo filmando la manifestación tras los cristales. Para la policía o para el archivo de T—Bird Oil. Stuart Minchell le estaba esperando.

— ¿No es increíble? —exclamó—. Me han dicho que hay grupos como éste delante de todas las Seis Hermanas y hasta de empresas más modestas como nosotros.

— ¿Las Seis Hermanas?

—Los grandes del mar del Norte. Exxon, Shell, BP, Mobil... y otras dos que no recuerdo. ¿Listo para el viaje?

—No sé qué decirle. ¿Podré echar una siestecita?

—Puede que no sea muy tranquilo. La buena noticia es que tenemos un avión que va allí y así no tendrá que volar en helicóptero... hoy, al menos. Irá hasta Scatsta, que es una antigua base de la RAF. Así se ahorra la molestia de transbordar en Sumburgh.

— ¿Y queda cerca de Sullom Voe?

—Al ladito. Le recogerán a la llegada.

—Se lo agradezco, señor Minchell.

Minchell se encogió de hombros.

— ¿Conoce las Shetland? —Rebus negó con la cabeza—. Bueno, seguramente no verá gran cosa; lo que atisbe desde el aire. Recuerde que en cuanto despegue ya no está en Escocia y que no es más que un sureño volando millas y millas hacia la nada.

Capítulo 15