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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

—Pues sí, gracias —dijo Rebus, algo despechado consigo mismo por sentirse tan tranquilo—. Pareces sobrado de pasta. Y el traje es precioso.

Los ojos de Ancram perdieron la chispa.

—Hay un sastre de Argyle Street que nos hace el diez por ciento de descuento a los del cuerpo —replicó, entrecerrando los ojos—. Vamos, suéltalo.

—No, en realidad, no es nada, pero revisando el expediente de Toal no pude por menos que advertir que siempre parece disponer de información interna.

—Cuidado, amiguito.

Lo de «amiguito» chirriaba con toda intención.

—Bueno —prosiguió Rebus—, todo el mundo sabe que en la Costa Oeste hay sobornos. No siempre con dinero, ya sabe. Pueden ser relojes, pulseras con el nombre grabado, anillos, algún traje que otro...

Ancram echó una mirada a su alrededor, como si buscase testigos a los comentarios de Rebus.

— ¿Le importaría dar nombres, inspector, o en el DIC de Edimburgo se contentan con rumores? Tengo entendido que en Fettes no hay sitio en los armarios, que están repletos de esqueletos. —Cogió su copa—. Y por lo visto la mitad de ellos están llenos de sus huellas.

Otra vez la sonrisa, los ojos chispeantes. ¿Cómo lo sabía? Rebus dio media vuelta y salió del pub. Oyó a Ancram que decía:

— ¡No todos podemos ir a Barlinnie a ver a un amigo! Hasta luego, inspector...

Capítulo 7

Aberdeen.

Aberdeen significaba lejos de Edimburgo, sin Justicia en directo, ni Fort Apache, ni tanta mierda encima. Aberdeen no estaba mal.

Pero en Edimburgo tenía cosas que hacer. Quería ver el lugar del crimen de día; iría con el Escort de Fort Apache, sin arriesgarse con su Saab. Jim MacAskill le quería en el caso porque llevaba poco tiempo en aquel destino para haberse ganado enemigos; Rebus se preguntaba cómo podría hacer amigos en Niddrie. De día, el lugar era aún más inhóspito: ventanas tapiadas, vidrios rotos sobre el asfalto, críos aburridos jugando al sol y miradas de desaprobación cuando pasaba en coche.

Habían derruido ya muchos edificios; detrás de la barriada había casas adosadas. Antenas parabólicas como símbolo del estatus: el paro. También un pub abandonado, y una tienda solitaria en una esquina con el escaparate lleno de carteles de vídeos; parada obligatoria para todos los chicos. Bandidos en ciclomotor masticando chicle. Rebus pasó despacio mirándolos. El apartamento del crimen quedaba más allá y no se veía desde la calle principal de Niddrie. Rebus pensó que Tony El no pertenecía a aquel barrio. ¿Por qué habrían ido allí si había otros más cerca del centro?

Dos hombres y la víctima. Tony El y un cómplice.

El cómplice conocía el barrio.