Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
Pero le intrigaba el amigo de Rebus. El policía no parecía muy sociable. Habían estado pintando juntos el piso. Y no sabía si tendría relación con el registro policial. Probablemente no. Era un hombre de la edad de Rebus, quizás algo más joven, y parecía bastante reflexivo. ¿Otro policía? Tal vez. Su rostro no tenía la expresión apasionada de Rebus. En Rebus había algo; lo había advertido el día en que se conocieron, y aquella tarde se le hacía más evidente. Cierta firmeza; determinación. Físicamente, su amigo parecía más fuerte, sin que eso significara que Rebus no lo fuese. La fuerza física tiene su límite.
Después, lo que cuenta es la entereza.
Capítulo 26
Por la mañana, esperaban a que abriesen ante la tienda de fotografía. Morton miró el reloj por enésima vez.
—Nos matará —dijo también por enésima vez—. No, de verdad; nos matará.
—Tranquilo.
Morton miró alrededor sin saber qué hacer tratando de relajarse. Cuando el encargado acudió a abrir salieron corriendo del coche. Rebus con la colilla en la mano.
—Un minuto —dijo el hombre.
—Es que llegamos tarde a un sitio.
Sin quitarse el abrigo, el encargado buscó en un cajón lleno de sobres. Rebus pensó en días familiares, cumpleaños de gente con ojos rojos y borrosas escenas de boda. Había algo desesperado y enternecedor a la vez en acumular fotografías. En su vida había visto tantas fotos..., casi siempre para hallar pistas de un crimen o las amistades de la víctima.
—De todos modos tendrán que esperar a que abra la caja.
El hombre le entregó el sobre y Morton miró el precio, dejó en el mostrador mucho más del importe y arrastró a Rebus afuera.
Morton se dirigió hacia Fettes como si acudieran al lugar del crimen. Los otros coches les pitaban y protestaban por su manera de conducir. Llegaban con veinte minutos de retraso, pero a Rebus le tenía sin cuidado. Él tenía sus copias; las fotos que faltaban en el cuarto de Alian Mitchison. Eran también grupos pero menos numerosos. Y en todas ellas aparecía la chica de las trencitas, al lado de Mitchison. En una, le rodeaba con el brazo y en otra se besaban, sonrientes.
No le sorprendía. Ahora ya no.
—Espero que hayan valido la pena las jodidas fotos —dijo Morton.
—Hasta el último céntimo.
—No me refería a eso.
Chick Ancram les esperaba sentado con las manos juntas y cara de pocos amigos. Tenía delante los archivadores como si no los hubieran quitado desde la sesión anterior. Su voz tenía un ligero vibrato. Controlaba la situación a duras penas.
—Me ha llamado una tal Kayleigh Burgess —dijo.
— ¿Ah, sí?