Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
—Viudo. Su esposa está enterrada en Islay o en un lugar parecido. Este es mi coche.
Era un Mazda deportivo azul oscuro con asientos bajos y espacio sólo para dos. La parte de atrás la llenaba prácticamente la cartera de Minchell, quien colgó el móvil antes de arrancar.
—Tenía un hijo —prosiguió—, pero creo que también murió, o él le desheredó. El mayor no habla nunca de él. ¿Por dónde empiezo, por la buena noticia o por la mala?
—Adelante con la mala.
—Aún no hay señales de Jake Harley. No regresa de sus vacaciones de senderismo hasta dentro de un par de días.
—De todos modos, me gustaría ir a Sullom Voe —dijo Rebus.
Y más si Ancram le localizaba en Aberdeen.
—No hay problema. Le llevaremos en un helicóptero.
— ¿Y la buena noticia?
—La buena, que hemos dispuesto otro helicóptero para llevarle a Bannock a que hable con Willie Ford. Como es un viaje de un día no necesita cursillo de supervivencia. Créame que es una buena noticia, porque en el entrenamiento te obligan a montar en un simulador y a tirarte a una piscina.
— ¿Usted lo ha hecho?
—Pues claro. Todo el que sume más de diez días de viaje al año está obligado a hacerlo. Pasé pánico.
—Pero los helicópteros son seguros, ¿no?
—Pierda cuidado por eso. Y en estos momentos tiene suerte: tenemos buenas previsiones. —Advirtió que Rebus ponía cara de circunstancias—. Previsiones meteorológicas. No se esperan fuertes temporales. Tenga en cuenta que el petróleo es una industria todo el año, pero también se rige por las estaciones. No siempre se puede acceder a las plataformas o salir de ellas: depende del tiempo. Cuando hay que transportar una torre o dos al mar, hay que consultar las previsiones y cruzar los dedos. En alta mar, los elementos... —Minchell movió de un lado a otro la cabeza—. Te hacen pensar a veces en Dios todopoderoso.
— ¿El del Antiguo Testamento? —comentó Rebus y Minchell sonrió, asintiendo con la cabeza, y a continuación hizo una llamada por el móvil.
Dejaron Dyce atrás y enfilaron por el puente de Don, siguiendo los indicadores del Centro de Conferencias y Exposiciones de Aberdeen. Rebus aguardó a que Minchell acabase su charla telefónica para hacerle otra pregunta.
— ¿Adónde iba el mayor Weir?
—Al mismo sitio que nosotros. Tiene que dar una conferencia.
—Pero ¿no dice que no habla?
—Y no habla él. Ese que le acompañaba es su gurú de relaciones públicas, Hayden Fletcher, que será quien lea el discurso en presencia del mayor tranquilamente sentado.
— ¿No es una excentricidad?
—No cuando se tiene una fortuna de cien millones de dólares.