Back Black & Blue Save as PDF
Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

—No diga tonterías. Me informó Minchell ayer por la tarde. Me gusta saber todo lo que sucede en mi empresa. Quiero hacerle una pregunta.

—Adelante.

— ¿Podría tener algo que ver T—Bird Oil con la muerte del señor Mitchison?

—De momento... no creo.

El mayor Weir hizo una inclinación de cabeza y levantó el periódico a la altura de los ojos. La conversación había terminado.

Capítulo 16

—Bienvenido a Mainland —dijo el guía de Rebus, al pie de pista.

El mayor Weir se alejó a toda velocidad en un Ranger Rover. Junto a ellos había una fila de helicópteros parados. El viento era... serio. Sacudía las palas de los rotores de los helicópteros y aullaba en los oídos de Rebus. El viento de Edimburgo era un profesional y había veces en que al salir de casa era como si te dieran un puñetazo, pero el viento de Shetland... parecía que fuera a levantarte y darte una tunda.

El descenso había sido movido, pero antes pudo divisar por primera vez las Shetland. La nada más absoluta. Apenas un árbol y muchas ovejas. Y un espectacular litoral desierto donde rompían blancas olas. Se preguntó si la erosión sería un problema. Las islas no eran precisamente grandes. Pasaron por el este de Lerwick y a continuación por algunas ciudades dormitorio que, según el de la pelliza, eran aldeas en los años setenta. Acababa de despertarse y volvió al ataque con más anécdotas.

— ¿Sabe lo que hicimos? Me refiero a la industria del petróleo. Mantuvimos a Maggie Thatcher en el poder. Los ingresos del petróleo sirvieron para compensar la reducción de impuestos. Asimismo, pagaron la guerra de las Malvinas. El petróleo corrió por las venas de todo su puto reinado y ella ni nos dio las gracias. Ni una sola vez, la mala puta. Pero es inevitable que le guste a uno —espetó, echándose a reír.

—Creo que hay un antídoto —dijo Rebus; pero el de la pelliza no le escuchaba.

—El petróleo y la política son inseparables. Las sanciones contra Irak eran sólo para impedir que llenara el mercado de petróleo barato. —Hizo una pausa—. Los cabrones de los noruegos.

— ¿Los noruegos? —preguntó Rebus perplejo.

—Ellos también tienen petróleo, pero metieron el dinero en el banco y lo emplearon en impulsar otras industrias. Maggie lo gastó en la guerra y las putas elecciones...

Después de Lerwick volvieron a salir a mar abierto. El de la pelliza señaló unos barcos. Unos putos barcos.