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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Aparcó el coche cerca de una casa y llamó a su oficina para ver si había mensajes. Por el trabajo que hacía se suponía que pasaba fuera de la oficina bastante tiempo durante la jornada. Eso cuando no estaba ausente días o semanas. Realmente, era el trabajo ideal. No, no había mensajes ni nada en que pensar: sólo en el Advenedizo... y en sí mismo.

Al principio le reconcomía la impaciencia. Pero ahora ya no. Su paciente cerco al Advenedizo le haría disfrutar más al final. Pero ensombrecía tal consideración el hecho de que también la policía podía estar estrechando el círculo. Al fin y al cabo ellos tenían toda la información a su alcance; les bastaría con establecer las relaciones debidas. Hasta entonces sólo la prostituta de Edimburgo rompía la pauta, pero si podía relacionar tres o cuatro estaría más que satisfecho. Seguro que una vez que descubriese la identidad del Advenedizo encajaría su estancia en Edimburgo en el momento del asesinato. Quizá por los registros de los hoteles o por un recibo de gasolina de una estación de servicio de la ciudad... Cuatro víctimas. Una más que el John Biblia de los sesenta. Era mortificante; lo reconocía. Le dolía.

Y eso iba a pagarlo muy pronto.

Al norte del infierno

Al norte del infierno

Escocia renacerá el día en que estrangulen al último ministro con el último ejemplar del Sunday Post.

TOM NAIRN

Capítulo 28

Pasada la medianoche llegaron al hotel. Estaba cerca del aeropuerto y era uno de los edificios de cristal que Rebus había visto en su visita a la T—Bird Oil. En el vestíbulo había demasiada luz, los múltiples espejos reflejaban a los tres cansados viajeros sin equipaje. Habrían despertado sospechas de no haber sido porque Eve era cliente habitual. No hubo problema.

—Cárguenlo a la empresa de taxis, en mi cuenta —dijo ella—. Firmen la factura para que la envíen a Taxis Joe.

—Sus habitaciones, señorita Cudden —dijo el empleado entregándole las llaves—, y otra más en el mismo piso.

Morton miraba los servicios del hotel.

—Sauna, gimnasios. Nos viene al pelo, John.

—Aquí todos son ejecutivos del petróleo —comentó Eve camino de los ascensores— y les encantan ese tipo de cosas. Así se mantienen en forma para colocarse. Ya saben.

— ¿Vende todo directamente a Fuller y Stemmons? —preguntó Rebus.

— ¿Quiere decir si hago yo misma el trato? —dijo ella sofocando un bostezo.

—Sí.

—No soy tan idiota.

—Y los intermediarios... ¿Algún nombre?

Ella negó con la cabeza sonriendo cansada.

—No para usted.

—Así no pienso en otras cosas.

Concretamente en John Biblia, Johnny Biblia... que andaban por ahí y quizá no muy lejos...