Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
—Vanessa estaba por entonces de vacaciones. Fue después del congreso y estaba agotada.
John Biblia tachó Yetland y Gribbin's de la lista.
—Señor Westerman, ha sido muy amable. Le estoy muy agradecido.
—No hay de qué. Una cosa, sargento.
—Diga usted.
—Si atrapan a ese cabrón que mató a Vanessa déle una de mi parte.
Dos Davidson en el listín telefónico, un James Mackinley y dos J. Mackinley. Apuntó las direcciones.
Y otra llamada; ésta a Lancer Technical Support.
—Hola, aquí la Cámara de Comercio. Una pregunta: estamos confeccionando una base de datos sobre las empresas de la localidad relacionadas con la industria del petróleo. LancerTech sería una de ellas, ¿no?
—Ah, sí —respondió la recepcionista—, desde luego.
Por la voz parecía algo cansada. Ruido de fondo: personal hablando, fotocopiadora y el timbre de un teléfono.
— ¿Podría darme más detalles?
—Pues... hacemos... diseñamos sistemas de seguridad de plataformas petrolíferas, barcos de apoyo... —Sonaba como si lo leyera en un folleto—. Ese tipo de cosas.
—Tomo nota —dijo John Biblia—. Si trabajan en temas de seguridad, ¿se supone que tienen relación con ITRG?
—Ah, sí, mucha relación. Colaboramos en media docena de proyectos y dos personas de la empresa trabajan allí a temporadas.
John Biblia subrayó el nombre de Martin Davidson. Dos rayas.
—Gracias. Adiós —dijo.
Dos M. Davidson en el listín. Uno quizá fuese mujer. Podía telefonear, pero con ello pondría en guardia al Advenedizo... ¿Qué haría con él? ¿Qué quería hacer con él? Había iniciado aquella faena enojado, pero ahora estaba tranquilo... y sentía más que curiosidad. Podía llamar a la policía; la llamada anónima que estaban esperando. Pero ahora ya sabía que no iba a hacerlo. En cierto momento había dado por supuesto que podía eliminar al miserable y reanudar su vida como antes, pero era imposible. El Advenedizo lo había cambiado todo. Comprobó el nudo de la corbata. Arrancó la hoja del bloc y la rompió en pedacitos que dejó caer en la papelera.
Se preguntaba si no hubiera debido quedarse en Estados Unidos. No, siempre había sentido nostalgia por su tierra natal. Recordaba una de las primeras teorías sobre su persona: que había sido miembro de la secta Exclusive Brethren. En cierto modo todavía lo era. Y pensaba seguir siéndolo.
El conocimiento es una gracia, pero el camino de trasgresión es duro.
Duro; era duro y siempre lo sería. Se preguntó si conocía bien al Advenedizo. Lo dudaba y no estaba muy seguro de que quisiera hacerlo.
La verdad era que ahora estaba allí y no sabía lo que quería.
Pero sabía lo que necesitaba.