Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
Trató de hablar con Gill Templer por teléfono pero no pudo localizarla y le dejó media docena de recados en distintos lugares. De vuelta a casa, limpió sus zapatos, se puso su mejor traje, cogió la camisa menos arrugada y la corbata más discreta (excluida la de luto).
Se miró en el espejo. Duchado y afeitado, con el pelo seco y peinado. El nudo de la corbata bien hecho, y por una vez había localizado un par de calcetines iguales. Se veía bien, pero no le convencía del todo.
Era la una y media y había que ir a Fettes.
El tráfico era aceptable y los semáforos parecían secundarle como si no quisieran que llegara tarde. Llegó antes de tiempo a la jefatura territorial de Lothian y Borders y pensó en dar unas vueltas con el coche, pero únicamente iba a ponerse más nervioso, así que optó por entrar y preguntar por Homicidios. Se hallaba en la segunda planta: una pieza central espaciosa con pequeños compartimientos para los oficiales superiores. El vértice que correspondía a Edimburgo en el triángulo creado por Johnny Biblia y centro de la investigación sobre Angie Riddell. Rebus conocía de vista a muchas de las caras que había por allí y fue repartiendo sonrisas y saludos. Las paredes estaban llenas de mapas, fotos y gráficos; en un intento de dar sentido. Con un trabajo policial tan intenso las cosas empezaban a adquirir cierto orden: la cronología se concretaba, los detalles se plegaban a una exposición correcta y se desentrañaba la maraña de la vida de las personas y de su muerte.
La mayoría de los que estaban de servicio aquella tarde parecían cansados y faltos de entusiasmo. Sólo esperaban un telefonazo, la inesperada información, el eslabón perdido, un nombre o una observación, de quien fuese... esperaban desde hacía mucho. En una foto robot de Johnny Biblia alguien le había pintado cuernos, volutas de humo saliendo de la nariz, colmillos y una lengua bífida.
El coco.
Rebus se acercó a mirarla. Era una foto robot hecha por ordenador a partir de la antigua de John Biblia. Con aquellos cuernos y los colmillos tenía un ligero parecido con Alister Flower...
Examinó las fotos de Angie Riddell en vida y apartó la vista de las de la autopsia. La recordaba de aquella noche de redada, sentada en el coche hablando con él, tan llena de vida. En cada una de las fotos se le veía el pelo de color distinto, como si nunca estuviera satisfecha de sí misma. Quizá necesitaba cambiar continuamente para huir de la persona que había sido; riendo por no llorar. Payaso de circo, sonrisa pintada...
Rebus miró su reloj de pulsera. Mierda; ya era la hora.