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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

—Que me lo suban a la habitación.

Se dio un baño, tranquilo y sin prisas, se secó bien y se miró las contusiones. Un chichón en la sien y Un dolor de cabeza peor que diez resacas. Se le habían clavado espinas en el costado, pero se las pudo sacar. Se limpió la raspadura; no necesitaba emplastos. Le dolería por la mañana, pero podría dormir si no volvía a oír el ruidito de la almohada. Con el botiquín le llegó un coñac doble y se lo tomó con mano temblorosa. Se tumbó en la cama y telefoneó a su casa para escuchar los mensajes. Ancram y más Ancram. Era muy tarde para llamar a Mairie, pero probó con Brian Holmes. Tardó en contestar.

— ¿Sí?

—Brian, soy yo.

— ¿Qué deseas?

Rebus hablaba con los ojos cerrados, tratando en vano de conjurar el dolor.

— ¿Por qué no me dijiste que Nell se había marchado?

— ¿Cómo te has enterado?

—Fui a tu casa y vi el panorama. ¿Quieres hablar de ello?

—No.

— ¿El problema de siempre?

—Quiere que deje la policía.

— ¿Y?

—Quizá tenga razón. Pero ya lo he intentado y es duro.

—Lo sé.

—Bueno, hay más de una manera de dejarlo.

— ¿Qué quieres decir?

—Nada.

Y se cerró en banda.

Sólo quería hablar del caso Spaven; el resultado de la lectura de las notas. Ancram se olería cierta connivencia, que no se decía toda la verdad; pero no podría hacer nada para evitarlo.

—También he visto que interrogaste a un antiguo amigo de Spaven: Fergus McLure. Acaba de morir, ¿sabes?

—Madre mía.

—Ahogado en el canal que pasa por Ratho.

— ¿Cuál es el resultado de la autopsia?

—Tiene un golpe feo en la cabeza anterior a la caída al agua. No creen que fuera un accidente, así que...

—Así que, ¿qué?

—Yo en tu caso no me dejaría ver. No le des más facilidades a Ancram.

—Hablando de Ancram... Te anda buscando.

—Digamos que me perdí la primera entrevista.

— ¿Dónde estás?

—Emboscado —dijo con los ojos cerrados y tres paracetamol en el estómago.

—No creo que se haya tragado tu cuento de la gripe.

—Él sabrá.

—Puede.

—Entonces, ¿has acabado lo de Spaven?

—Pues, sí.

— ¿Y el preso, el último que habló con Spaven?

—Estoy en ello, pero creo que no tiene domicilio fijo y a lo mejor tardo.

—Te lo agradezco mucho, Brian. ¿Te has preparado una explicación por si Ancram lo descubre?

—No te preocupes. Cuídate, John.

—Y tú, hijo.

¿«Hijo»? ¿De dónde había salido eso? Colgó y cogió el mando a distancia del televisor. Esa noche se las arreglaría con balonvolea playero...

Crudo muerto

Crudo muerto

Capítulo 18