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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

—Serás la primera en la parrilla de salida.

— ¿Con algo más de ventaja que los noventa minutos de la última vez?

—Dalo por hecho.

Silencio. Ella era consciente de que podía ser mentira. Como periodista sabía bastante de eso.

—De acuerdo. ¿Qué quieres saber de Weir?

—No sé. Todo. Lo interesante.

— ¿Negocios o vida privada?

—Ambas cosas; sobre todo, negocios.

— ¿Tienes un número de teléfono ahí en Aberdeen?

—Mairie, no estoy en Aberdeen; por si alguien te pregunta. Volveré a llamarte.

—Me han dicho que reabren el caso Spaven.

—Una simple investigación interna.

— ¿Previa a una revisión?

Entró Walt con dos cafés y Rebus se levantó.

—Escucha, tengo que dejarte.

— ¿Te ha comido la lengua el gato?

—Adiós, Mairie.

—He comprobado que su avión sale dentro de una hora —dijo Walt. Rebus asintió con la cabeza y cogió el café—. Espero que le haya gustado la visita.

«Joder —pensó Rebus—, lo dice en serio.»

Capítulo 17

Aquella noche, una vez recuperado del vuelo de regreso a Dyce, Rebus comió en el mismo restaurante indio que Alian Mitchison. Y no fue por casualidad; quería ver por sí mismo el lugar. La comida no estaba mal: empanada de pollo ni mejor ni peor que la que se comía en Edimburgo. Los clientes eran parejas jóvenes y de mediana edad que conversaban en voz baja. No parecía el tipo de restaurante para ir de parranda tras quince días en el mar, sino más bien un lugar para pensar, si uno cenaba solo, naturalmente. Cuando le trajeron la cuenta recordó los cargos en la tarjeta de crédito de Mitchison y comprobó que eran el doble de lo que él había gastado.

Enseñó su identificación de policía y pidió hablar con el encargado. El hombre llegó renuente a la mesa con la sonrisa pintada en el rostro.

— ¿Hay algún problema, señor?

—No —dijo Rebus.

El hombre se disponía a romper la nota, cuando Rebus le detuvo.

—No; lo abonaré —dijo—. Sólo quería hacerle unas preguntas.

—Por supuesto. Usted dirá. —Se sentó en la otra silla frente a él—. ¿En qué puedo servirle?

—Un joven llamado Alian Mitchison solía cenar aquí más o menos cada dos semanas.

El hombre asintió con la cabeza.

—Ya vino un policía preguntando.

Del DIC de Aberdeen; Bain ordenó que comprobasen datos de Mitchison y habían cursado un informe casi en blanco.

— ¿Le recuerda usted? Me refiero al cliente.

—Un joven muy amable —contestó el hombre, asintiendo varias veces con la cabeza—. Le habré visto unas diez veces.

— ¿Solo?

—A veces solo y a veces con una señora.

— ¿Podría describírmela?

Negó con la cabeza. Un estrépito en la cocina lo distrajo.

—Únicamente puedo decirle que no siempre venía solo.

— ¿Y por qué no se lo mencionó al otro policía?