Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
—Quizá convendría dejarlo aquí, al fin y al cabo.
—No, me lo llevo yo.
—No sé qué decirte.
—Sí, Ted, me lo llevo.
—Hacía tiempo que dos hombres no se me disputaban —dijo Rebus con una sonrisa.
Los dos le fulminaron con la mirada, mientras Ancram le ponía en el hombro una mano con gesto posesivo.
—Inspector Rebus —dijo—, ¿no cree que es mejor que nos vayamos?
—Hágame un favor —dijo Rebus.
— ¿Cuál?
Iba en el asiento trasero del automóvil de Ancram camino del hotel para recoger su coche.
—Pasemos un momento por el puerto.
— ¿Para qué?
—Quiero ver dónde murió.
— ¿Qué pretende? —inquirió Ancram mirándole.
Rebus se encogió de hombros.
—Presentar mis respetos.
Ancram sólo tenía una vaga idea de dónde habían encontrado el cadáver, pero no tardaron en localizar el acordonamiento de cintas de color que había puesto la policía en el escenario del crimen. Los muelles estaban tranquilos y se habían llevado el cajón en que encontraran el cadáver. Estaría en algún laboratorio del departamento. Rebus se situó a la derecha y miró a su alrededor. Unas gaviotas se pavoneaban a una distancia prudencial. El viento era frío. No podía saber si aquel lugar quedaba cerca o lejos de donde le había dejado Lumsden.
— ¿Qué sabe de ella? —preguntó a Ancram, de pie a su lado con las manos en los bolsillos, mirándole.
—Creo que se llamaba Holden. Veintisiete o veintiocho años.
— ¿Se llevó algo?
—Un zapato. Escuche, Rebus... ¿Todo este interés es porque una vez invitó a una prostituta a un té?
—Se llamaba Angie Riddell. —Hizo una pausa—. Tenía unos ojos preciosos. —Miró hacia el casco oxidado de un buque amarrado al muelle—. Hay algo que siempre me he preguntado. ¿Dejamos que sucediera o fuimos responsables? ¿Usted lo sabe? —agregó mirando a Ancram.
—No estoy seguro de entenderlo —contestó encogiéndose de hombros.
—Ni yo. Dígale a su chofer que tenga cuidado con mi coche. La dirección está algo torcida.
El terror en sueños
El terror en sueños
Capítulo 21
Le perseguían por escaleras endiabladas que subían y bajaban y a sus pies el mar rugiente crecía y crecía combando el metal. Le falló la mano al sujetarse y rodó por peldaños de hierro, desgarrándose el costado; al llevarse la mano a la herida la retiró manchada de petróleo y no de sangre. Estaban a sólo siete metros por encima de él, riéndose y tranquilos: ¿dónde iba a huir? Podría quizá volar, mover los brazos como un pájaro y elevarse en el espacio. Lo único temible era la caída.
Igual que aterrizar en el cemento.