Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
—... haciendo los interrogatorios de seguimiento que se estime necesario y se redactará un informe.
— ¿Esto se va a hacer público?
—No, hasta que me llegue el informe definitivo. Que no puede reducirse a un simple enjalbegado, por supuesto. Si en algún punto ha habido una infracción del reglamento hay que subsanarla. ¿Está claro?
—Sí, señor.
—Bien, ¿tiene algo que decirme?
— ¿Para que quede entre nosotros o se lo va a contar al inquisidor?
Carswell dejó pasar la broma.
—No creo que pueda calificársele así.
Era un hombre.
— ¿A quién va a encargárselo, señor?
—A un inspector del DIC de Strathclyde, Charles Ancram.
«¡Dios bendito, hay que joderse!» Él que se había despedido de Ancram con una imputación de soborno. Y Ancram estaba en el ajo; al tanto de todo lo que a él se le venía encima. Por aquella manera de sonreír como si guardara algún secreto, por el modo de mirarle midiendo a un adversario.
—Señor, podría darse cierta animosidad entre el inspector jefe Ancram y yo.
— ¿Quiere explicarse?
Carswell lo miró fijamente.
—No, señor; con todo respeto.
—Bueno, supongo que, en ese caso, puedo encomendárselo al inspector jefe Flower, que en estos momentos se cree la mar de listo por echar el guante al hijo de ese diputado por cultivo de cannabis...
—Preferiría a Ancram, señor —objetó Rebus, tragando saliva.
— ¡No es usted quien decide, inspector! ¿Entiende? —replicó Carswell, con el ceño fruncido.
—No, señor.
Carswell lanzó un suspiro.
—A Ancram ya se le ha informado. Que lo haga él... ¿Le parece?
—Gracias, señor. —«Adónde he llegado —pensó—, dando las gracias por ponerme a Ancram sobre mis talones...»— ¿Puedo marcharme ya, señor?
—No. —Carswell volvía a mirar en la carpeta y Rebus entretanto procuraba calmarse; el subdirector jefe comenzó a hablar sin levantar la vista de una nota que estaba leyendo—. ¿Qué hacía usted esta mañana en Ratho?
— ¿Cómo dice, señor?
—Sacaron un cadáver del canal y me han dicho que se le vio por allí. Ratho no es Craigmillar, ¿cierto?
—Andaba por la zona.
—Parece ser que identificó el cadáver.
—Sí, señor.
—Es útil tenerle a usted a mano —comentó con ostensible ironía—. ¿De qué le conocía?
«¿Lo suelto o me callo? Ninguna de las dos.»
—Lo reconocí porque era confidente nuestro, señor.
— ¿De quién concretamente?
Carswell alzó la vista.
—Del inspector Flower.
— ¿Iba a invadir su terreno? —Rebus guardó silencio para que Carswell sacara sus propias conclusiones—. Se cayó al canal por la mañana... ¿qué raro, no?
Rebus se encogió de hombros. —Cosas que pasan, señor —dijo, clavando la mirada en Carswell, quien se la sostuvo.
—Puede marcharse, inspector.
Rebus no parpadeó hasta llegar al pasillo.