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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

El subdirector en persona, Colin Carswell, le estaba esperando en su cómodo y alfombrado despacho.

—Siéntese, por favor.

Carswell se había erguido a medias para darle la mano.

Rebus se sentó frente a él, mirando la mesa por si algo le daba una pista. El de Yorkshire era alto, con una prominente barriga de bebedor de cerveza. Pelo castaño y escaso, nariz pequeña y casi chata como la de un boxeador. Dio un resoplido.

—Lamento no poder hacer honor a su petición de galletas, pero, si quiere, hay café o té.

Rebus recordó la llamada telefónica: «¿Habrá té y galletas? Si no, no voy». Se lo habían comentado.

—No, gracias, señor.

Carswell abrió una carpeta y sacó un recorte de periódico.

—Una verdadera lástima lo de Lawson Geddes. Me han dicho que en su día fue un inspector excepcional.

Una nota sobre el suicidio de Geddes.

—Sí, señor —dijo Rebus.

—Hay quien dice que es una solución de cobardes, pero a mí, desde luego, me faltarían agallas para hacerlo —comentó, alzando la vista—. ¿Ya usted?

—Espero no tener que planteármelo, señor.

Carswell sonrió, metió el recorte en la carpeta y la cerró.

—John, sufrimos un verdadero asedio por parte de los medios de comunicación. Al principio eran sólo los de la tele, pero es que ahora parece ser que todos se apuntan al carnaval —añadió, mirándole—. Mal asunto.

—Sí, señor.

—Así que hemos decidido, el director y yo, que hay que hacer un esfuerzo.

— ¿Va a revisarse el caso Spaven? —dijo Rebus, al tiempo que tragaba saliva.

Carswell sacudió un polvo imaginario de la carpeta.

—No de inmediato. No hay nuevas pruebas que lo hagan necesario. —Alzó rápidamente la vista—. A menos que sepa usted de algún motivo que nos obligue a ello.

—Era asunto concluido, señor.

—Dígales eso a los medios de comunicación.

—Tenga la seguridad de que ya lo he hecho.

—Vamos a abrir una investigación interna, para estar seguros de que no se pasó nada por alto o... de que no se cometió un error... en su momento.

—Estoy bajo sospecha.

Rebus sentía crecer su furia.

—Sólo en caso de que nos oculte algo.

—Vamos, señor, si se revisa una investigación, todos empiezan a parecer pringados. Y al haber muerto Spaven y Lawson Geddes quien paga el pato soy yo.

—No hay ningún pato que pagar.

Rebus se puso en pie.

— ¡Siéntese, inspector! ¡No he terminado todavía!

Rebus volvió a sentarse y se aferró con las manos a los brazos del sillón, convencido de que explotaría si se soltaba. Carswell se detuvo para recobrar la calma.

—Bueno, por mor de objetividad, realizará la investigación alguien ajeno a Lothian y Borders— y me informará directamente a mí. Se revisarán los archivos originales...

Avisar a Holmes.