Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
Volvió al ordenador. Sabía que la policía estaría atareada estableciendo los retratos robot y los perfiles psicológicos; recordaba uno sobre él, aportado por un psiquiatra, una autoridad por la cantidad de siglas, títulos y diplomas que seguían a su apellido: BSc, BL, MA, MB, ChB, LLB, DPA y miembro del Real Colegio de Patología. En términos generales, una bobada. Él había leído aquel informe hacía años en un libro y subsanado las pocas cosas ciertas que sobre él se afirmaba: que el asesino en serie era, supuestamente, introvertido y con muy pocos amigos íntimos, por lo que se veía forzado a ser más social. El prototipo psicológico correspondía al de un individuo poco dinámico y temeroso del contacto con adultos, circunstancia que le inducía a hacer un trabajo cuyas características esenciales fuesen dinamismo y contactos. En cuanto al resto del perfil..., basura en su mayor parte.
Los asesinos en serie tienen muchas veces un historial de actividad homosexual: frío.
Suelen ser solteros: que se lo dijeran al destapador de Yorkshire.
Suelen escuchar dos voces interiores, una buena y otra mala. Coleccionan armas y les ponen nombres cariñosos parecidos a los de animales de compañía. Hay muchos que se visten de mujer. Otros muestran interés por la magia negra o los monstruos y coleccionan pornografía dura. Y abundan los que disponen de un «lugar privado» donde guardan objetos como capuchas, muñecas y trajes de submarinismo.
Miró a su alrededor y movió la cabeza despectivamente.
Pocas cosas había acertado el psiquiatra. Sí, admitía que era egocéntrico, como la mitad de la humanidad; limpio y acicalado, también. Le interesaba la Segunda Guerra Mundial (pero no exclusivamente el nazismo o los campos de concentración). Posible embustero: bueno, aunque más bien era la gente, que se lo creía todo. Y desde luego planeaba con mucha anticipación a quién iba a matar, como parecía estar haciendo ahora el Advenedizo.