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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Estaba en su estudio con la llave echada, aislado del mundo, repasando el archivo ADVENEDIZO en su portátil. El intervalo entre la primera y la segunda víctima era de seis semanas; entre la segunda y la tercera, sólo cuatro. Johnny Biblia era un demonio ansioso, pero no había vuelto a matar. O si lo había hecho aún estaría divirtiéndose con el cadáver. Aunque no era el estilo del Advenedizo. Las liquidaba con rapidez y dejaba los cuerpos a la vista. John Biblia había repasado los periódicos, con el resultado de dos casos que recogía el Press and Journal de Aberdeen. Una mujer agredida cuando volvía a casa de la discoteca, el agresor había intentado arrastrarla a un callejón; ella gritó y él, atemorizado, se dio a la fuga. John Biblia fue en automóvil una noche al lugar de los hechos y, de pie en el callejón, estuvo un rato pensando en el Advenedizo al acecho en el mismo sitio, aguardando la hora propicia del cierre de la discoteca. Había cerca una urbanización y la calle de acceso pasaba por la boca del callejón. En apariencia era el lugar ideal, pero el Advenedizo se había puesto nervioso o no lo había preparado

Wen. Lo más probable es que hubiese estado allí al acecho una o dos horas, en la oscuridad, receloso de que alguien lo descubriera, y había estado a punto de abandonar. De manera que cuando finalmente cayó sobre su víctima, no había sido capaz de neutralizarla con la rapidez suficiente y un solo grito le había puesto en fuga.

Sí, podía muy bien tratarse del Advenedizo. El había estudiado su fracaso, ideando un plan mejor: ir a la discoteca, entablar conversación con la víctima..., ganarse su confianza y, después, la agresión.

Segundo caso: una mujer denunció a un mirón furtivo en el jardín trasero de la casa. La policía había encontrado señales en la puerta de la cocina, torpes intentos de allanamiento. Quizás estuviera relacionado con el primer caso, quizá no. Primer suceso: ocho semanas antes del primer asesinato. Segundo: cuatro semanas antes. De lo que se deducía una pauta de meses, a la que se superponía otro patrón: el mirón devenía en agresor. Claro que podían existir, en otras ciudades, casos que él ignorase y que dieran pie a otras hipótesis, pero a John Biblia le complacía ceñirse a la de Aberdeen. Primera víctima: muchas veces la primera víctima era de la localidad y cuando el asesino adquiría confianza el radio de acción se ampliaba. Pero el primer éxito era fundamental.

Llamaron tímidamente a la puerta del estudio:

—He hecho café.

—Voy enseguida.