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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

— ¿A pesar de tener miedo?

—Así es.

— ¿Para cuándo se prevé el asunto?

—Tienen que avisarle por teléfono.

—No sé, Gill. De ser un clavo, no podrías fiarte ni para colgar un pañuelo, y no digamos el abrigo.

—Muy creativo.

Le miró la corbata. Era chillona; se la había puesto expresamente para distraer la atención de la camisa arrugada y a la que le faltaba un botón.

—Bien, hablaré mañana con él a ver si puedo sonsacarle algo más.

—Pero sé amable.

—Como si fuera mi peluche preferido.

Sólo dieron cuenta de la mitad de la comida pero quedaron artos. Llegó el café y unas pastillas de menta que Gill guardó en el bolso para después. Rebus tomó un tercer whisky. Estaba imaginándose la escena final: los dos solos en la calle. Únicamente podía ofrecerse a acompañarla a casa a pie. O invitarla a su piso. Pero no podía quedarse, porque por la mañana estarían apostados los periodistas.

«Rebus, cabronazo, eres un bastardo presuntuoso.»

— ¿De qué te ríes? —inquirió ella.

—Úsalo o déjalo, como suele decirse.

Pagaron a medias, pues las bebidas subían tanto como la comida. Y ya estaban en la calle. Había refrescado.

— ¿Será fácil encontrar taxi por aquí? —dijo ella, mientras miraba la calle en ambas direcciones.

—Aún no han cerrado los pubs, no habrá problema. He dejado mi coche en casa...

—Gracias, John. Me las arreglaré. Mira, ahí viene uno —dijo alzando la mano.

El taxista puso el intermitente y paró junto a ellos de un frenazo.

—Dime si consigues algo —añadió ella.

—Te llamaré en cuanto lo tenga.

—Gracias.

Le dio un beso rápido en la mejilla, apoyándose en su hombro, antes de subir al taxi, cerrar la portezuela y dar la dirección al conductor. Rebus contempló al coche dar media vuelta despacio para perderse en dirección a Tollcross y aún permaneció un rato mirándose los zapatos.

Simplemente para pedirle un favor. Era una alegría saber que uno aún servía para ciertas cosas. «Feardie Fergie», Fergus McLure. Un nombre del pasado; amigo antaño de un tal Lenny Spaven. Sin duda, por la mañana valdría la pena darse una vuelta por Ratho.

Por el inconfundible ruido del motor, advirtió que llegaba otro taxi. Estaba libre. Lo paró y subió.

—Al bar Oxford —dijo.

Cuanto más pensaba John Biblia en el Advenedizo... más cosas sabía de él... y más seguro estaba de que Aberdeen era la clave.