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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Dusty se pasó la lengua por unos labios inexistentes. Parecía ser el tipo que hace de confidente por darse importancia más que por dinero o rencor.

—Se dice —hablaba otra vez sin alzar la cabeza y Rebus podía verle la coronilla— que Tony El ha estado trabajando por el norte.

— ¿Por el norte?

—Dundee..., en el nordeste.

— ¿Y en Aberdeen?

—Por allí; sí.

— ¿En qué?

Se encogió de hombros.

—Opera por su cuenta; a saber... Se le ha visto por allí.

—Gracias, Dusty —dijo Ancram y el hombre se escabulló hacia el fondo de la barra. Ancram miró a la camarera—. Otras dos

—dijo— y póngale a Dusty lo que quiera. —Se volvió hacia Rebus—. ¿A quién crees, a Tío Joe o a Dusty?

— ¿Crees que me mintió para tomarme el pelo?

—O por liarte.

Sí, hacerle ir a Londres con una falsa pista que entorpeciera la investigación. Tiempo y esfuerzos perdidos.

—La víctima trabajaba en Aberdeen —añadió Rebus.

—Todas las pistas se juntan allí. —Les sirvieron las bebidas y Ancram pagó con un billete de veinte libras—. Quédese la vuelta; cobre lo que deba Dusty y le da lo que sobre, menos una libra para usted.

La mujer hizo el gesto de asentimiento de quien está acostumbrada. Rebus no dejaba de pensar en los caminos que llevaban al norte. ¿Quería ir a Aberdeen? Estaría a salvo de Justicia en directo, quizás así dejaría de pensar en Lawson Geddes. A ese respecto, el día había sido una especie de vacaciones; Edimburgo estaba lleno de fantasmas, pero también Glasgow: Jim Stevens, Jack Morton, John Biblia y sus víctimas.

— ¿Fue Jack quien te dijo que había ido a Barlinnie?

—Me impuse por jerarquía, no se lo reproches.

—Cuánto ha cambiado.

— ¿Te molestó? No sé por qué te siguió después de comer. El celo del converso.

—No sé a qué te refieres —dijo Rebus.

Se llevó el vaso a los labios y dio un largo trago.

— ¿No te lo contó? Se ha afiliado a Alcohólicos Anónimos y, en serio, no para cobrar la baja por depresión. —Ancram hizo una pausa—. Pensándolo bien, a lo mejor yo también lo hago —añadió con un guiño, sonriendo.

Había algo molesto en su sonrisa; como si escondiera muchos secretos. Una sonrisa condescendiente.

Una sonrisa muy de Glasgow.

—Era un alcohólico —prosiguió Ancram—. Bueno, lo sigue siendo. Una vez que se empieza, nunca se deja. Pero algo le sucedió en Falkirk y acabó en el hospital casi en coma con sudores, vómitos y alucinaciones. Lo primero que hizo al salir fue buscar en el listín el teléfono de la Esperanza y ellos le remitieron a la iglesia de los zumos. —Miró el vaso de Rebus—. Dios, qué rápido. Anda, tómate otra.

La camarera venía ya con otra copa en la mano.