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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Rebus se restregó la frente y se apretó el puente de la nariz. Cerró los ojos con fuerza. ¿Era o no era? ¿Sería una obsesión suya? ¿Qué diferencia había entre la capilla de Johnny Biblia y su cocina llena de recortes?

—No lo sé —añadió. Pero sí que lo sabía. Estaba seguro—. Luego te llamo —dijo.

— ¡Espera!

Pero eso era lo único de lo que era incapaz. Tenía que averiguarlo. Tenía que averiguarlo enseguida. Miró a su alrededor y vio rostros ebrios y somnolientos; nadie que pudiera conducir ni ayudarle.

Salvo Jack.

En ese momento rodeaba con un brazo la cintura de la secretaria y le susurraba algo al oído. Ella sonreía y sostenía la taza con mano firme. Tal vez bebiera CocaCola como él. ¿Le dejaría Jack las llaves? No sin una explicación, y él quería hacer aquello solo. Era una necesidad. Su móvil tal vez fuera el enfrentamiento y el exorcismo. Además, John Biblia le había hecho trampa con Johnny Biblia.

Bajó a comunicaciones.

— ¿Hay un coche disponible para mí?

—No, si ha bebido.

—Hágame la prueba del alcohol.

—Afuera hay un Escort aparcado.

Rebus buscó en los cajones de las mesas y encontró un listín telefónico. Peterhead... Slocum, R. Nada. Podía preguntar a información, pero comprobar un número de abonado que no figura en el listín llevaría tiempo. Otra opción era ponerse en marcha. Lo que él quería en cualquier caso.

Las calles estaban inundadas de gente. Otra noche de viernes con jolgorio juvenil. Él iba cantando All Right Now y empalmó con Been Down So Long. Cincuenta kilómetros hacia el norte: Peterhead, puerto carguero. Allí iban los petroleros y plataformas para mantenimiento. Apretó el acelerador; no había mucho tráfico de salida. Un cielo rosado mortecino. Fuego lento, como decían en Shetland. Procuró no pensar en lo que iba a hacer: vulnerar las reglas que él siempre había aconsejado no transgredir. Solo. El lugar al que se dirigía estaba muy lejos de su territorio, lo que significaba menos control.

Tenía la dirección de Eugene Construction. Por la tarjeta de Ryan Slocum. «¡He estado al lado de John Biblia en un bar! ¡Y me invitó a una copa!» Sacudió la cabeza. Era probable que muchos otros pudieran decir lo mismo si fueran conscientes de ello. No tenía tanto mérito. En la tarjeta figuraba el número de teléfono de la empresa, pero había salido el contestador automático. Lo que no significaba que no hubiese nadie: los vigilantes no tenían por qué contestar al teléfono. En la tarjeta figuraba también el número del busca de Slocum; pero no pensaba utilizarlo.