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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

En la sala del DIC la fiesta estaba en pleno apogeo. Habían puesto en marcha un radiocasete y se oían arpegios de acordeón distorsionado a todo volumen. Sólo bailaban dos parejas, sin mucha gracia; entre los escritorios faltaba espacio para marcarse debidamente un ceilidh escocés. Había tres o cuatro personas derrengadas en las mesas, bebidas, y un tipo en el suelo. Rebus contó nueve botellas vacías de whisky y ya había ido alguien a por más cajas de cerveza. Morton seguía de cháchara con la secretaria, colorado como un tomate por el calor. Aquello comenzaba a oler como unos vestuarios.

Rebus dio una vuelta por la sala: seguía en las paredes el material sobre las víctimas de Johnny Biblia en Aberdeen, con planos, diagramas, listas de turnos y fotografías. Miró las fotos, como tratando de recordar las caras sonrientes, y advirtió que el fax vomitaba algo. Los datos del propietario del BMW azul metalizado. Había cuatro en Aberdeen, pero sólo uno con la misma secuencia de letras que recordaba el testigo. A nombre de una empresa llamada Eugene Construction con sede en Peterhead.

Eugene Construction. ¿Eugene Construction?

Allí mismo, en una mesa, vació sus bolsillos: recibos de gasolina, el bloc, trozos de papel con números de teléfono, bicarbonato, una caja de cerillas... y... la tarjeta de visita. La que le había dado aquel tipo con quien entabló conversación en el bar del congreso. La leyó. Ryan Slocum, Jefe de Ventas, División de Ingeniería. Empresa: Eugene Construction, y una dirección de Peterhead. Con mano temblorosa, cogió la foto de Borneo, escrutándola e intentando recordar al hombre que había conocido en la cafetería.

«No me extraña que Escocia esté tan atrasada. Y queremos la independencia.»

Le había dado la tarjeta y después él le dijo que era policía.

«¿He dicho algo comprometedor...? ¿Es por Johnny Biblia?»

La cara, los ojos, la altura... muy parecidos al de la fotografía. Muy parecidos. Ray Sloane... Ryan Slocum. Alguien había entrado en su piso a buscar algo, sin llevarse nada. ¿Buscando algo comprometedor? Volvió a leer la tarjeta, cogió un teléfono y consiguió finalmente localizar a Siobhan en casa.

—Siobhan, ¿el individuo con quien hablaste en la Biblioteca Nacional...?

— ¿Qué?

— ¿Te dio la descripción del supuesto periodista? —Sí.

—Repítemela.

—Un momento. —Fue a buscar el bloc de notas—. Pero ¿por qué lo preguntas?

—Luego te lo explico. Léemela.

—«Alto, pelo rubio, algo más de cincuenta años, rostro alargado, sin características particulares.»

— ¿Algo sobre algún deje al hablar?

—No tengo nada apuntado. —Pausa—. Ah, sí. Me dijo algo... Dijo que era nasal.

— ¿Como de norteamericano?

—Pero escocés.

—Es él.

— ¿Quién?

—John Biblia; tú misma lo has dicho.

— ¿Qué?

—A la caza de su cachorro.