Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
Grogan se tropezó con Rebus en el pasillo y le pasó un brazo por los hombros. No llevaba corbata y los dos primeros botones de la camisa estaban desabrochados y se le veía vello canoso. Había bailado una jiga con dos agentes femeninos y sudaba profusamente. Acababa de entrar el turno de relevo, pero a quienes les tocaba salir no se marchaban por no romper el encanto. Se citaban en pubs y clubes, restaurantes y boleras, pero nadie se iba; se oyó un fuerte aplauso cuando de un restaurante indio de la vecindad llegaron cajas y bolsas de comida, obsequio de los jefazos que ya habían abandonado la fiesta. Rebus se sirvió un poco de pakora en pan nan sin levadura y tikka de pollo.
A juzgar por su aliento, Grogan no había probado bocado a mediodía.
—Mi querido colega de las Lowlands —exclamó eufórico—, ¿qué tal? ¿Disfruta de la hospitalidad de las Highlands?
—Es una fiesta estupenda.
— ¿Y por qué esa cara tan larga?
Rebus se encogió de hombros.
—Ha sido un día agotador —dijo, pensando en que podía haber añadido: y la noche que queda por delante.
—Le recibiremos encantados cuando quiera. Será bienvenido cuando a usted le apetezca, cuando le venga en gana —añadió Grogan palmeándole la espalda antes de dirigirse a los servicios, pero se volvió y preguntó—: ¿Ludo sigue sin aparecer?
—Está en el hospital general, compañero de habitación de un tal Hayden Fletcher.
— ¿Qué?
—Y hay un agente de la Brigada Criminal a la espera de que recobren el conocimiento para tomarles declaración. Ya ve lo limpio que está Lumsden. Ya es hora de que despierte usted a la realidad.
Rebus bajó a las salas de interrogatorio y abrió la puerta de la que habían usado para interrogarle a él. Sentado a la mesa, fumando un cigarrillo, estaba Judd Fuller. Ya antes les había explicado el caso a los interrogadores, mencionándoles las cintas y notas de Gill.
—Buenas tardes, Judd.
— ¿Nos conocemos?
Rebus se le acercó.
—Hijo de puta, imbécil, yo pude escapar pero tú, dale con el sótano. A Erik no le gustará —añadió meneando la cabeza.
—A Erik que le den por el culo.
—Que cada cual se las apañe, ¿no?
—Acabemos de una vez.
— ¿Cómo?
— ¿A qué has venido aquí? —replicó Fuller mirándole a la cara—. Si quiere zurrarme es la única oportunidad que tiene. Venga.
—No necesito pegarte, Judd —replicó Rebus sonriente mostrando el diente partido.
—Pues es un cobarde.
Rebus meneó la cabeza despacio.
—Lo fui, pero ya no.
Le dio la espalda y salió del cuarto.