Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
Rebus miró el contenido y vio un líquido de agradable color miel, lo contempló un instante y dejó la taza en el escritorio. Se oían risas, gritos y cantos, como cuando la muchedumbre sale del fútbol después de un partido en que ha ganado su equipo.
—John —dijo Morton—, acuérdate de Lawson.
Sonaba a advertencia.
— ¿Qué pasa con él?
—Que acabó presa de la obsesión.
—Esto es distinto —replicó él negando con la cabeza—. Estoy seguro de que fue John Biblia.
— ¿Y qué?
Rebus meneó la cabeza de un lado a otro.
—Venga, Jack; después de lo que te he contado..., lo de Spaven y todo lo demás..., no deberías hacer eso.
Grogan hacía señas a Rebus de que cogiese un teléfono. Sonriente, con su hálito a whisky, le pasó el auricular.
—Alguien quiere hablarle.
—Diga.
— ¿Pero qué demonios haces ahí?
—Ah, hola, Gill. Enhorabuena. Por fin parece que salen bien las cosas.
Ella se ablandó un poco.
—Gracias a Siobhan; no a mí. Yo me limité a pasar la información.
—Asegúrate de que queda por escrito.
—No te preocupes.
—Ya hablaremos.
—John... ¿cuándo vuelves?
No era lo que quería preguntarle.
—Esta noche, o mañana.
—Muy bien. —Hizo una pausa—. Nos veremos entonces.
— ¿Te apetece hacer algo el domingo?
— ¿Hacer, qué? —replicó ella como sorprendida por la propuesta.
—No sé. ¿Salimos por ahí en coche, o vamos a pasear... por algún lugar de la costa?
—Ah, bueno.
—Te llamaré. Adiós, Gill.
—Adiós.
Grogan se sirvió otra taza. Había por lo menos un par de cajas de whisky y tres de botellas de cerveza.
— ¿De dónde saca todo eso? —dijo Rebus.
—Lo sabe perfectamente —contestó Grogan sonriente.
— ¿De los pubs? ¿De los clubes? ¿Gente que le debe favores?
Grogan se limitó a guiñarle un ojo. Llegaban más agentes en grupo, de uniforme y de paisano; incluso algunos que no parecían estar de servicio. Se habían enterado y no querían perdérselo. Los jefazos andaban por allí muy tiesos pero sonrientes, diciendo que no cuando les ofrecían volver a llenarles la taza.
— ¿No será que se lo consigue Ludovic Lumsden?
El rostro de Grogan se ensombreció.
—Ya sé que piensa que le jodió de lo lindo, pero Ludo es un buen policía.
— ¿Dónde está?
—Ni idea —respondió Grogan mirando alrededor.